Por Dr. Federico Ruiz Martínez
En una provincia como Catamarca, donde el poder se hereda como apellido y los cargos públicos se reparten como parcelas de una estancia, la forma de gobierno ya no puede disimular su esencia feudal bajo los ropajes formales de una república. La Constitución existe, sí, pero como pieza decorativa de un régimen que premia la lealtad y castiga la lucidez.
En este contexto de anomia institucional y descomposición moral, el Colegio de Abogados de Catamarca (institución que, en otros tiempos, encarnó la defensa de las libertades y el control del poder y en la actualidad se calla frente a instituciones provinciales esenciales para la vida republicana, literalmente arrasadas) acaba de recibir un particular regalo. Un potrero.
No, no se trata de becas para cursar posgrados en derecho constitucional, ni de convenios con universidades nacionales o internacionales, ni de fondos para adquirir obras doctrinarias de Bidart Campos o Gordillo, ni créditos para acceder a maestrías o posgrados. Se trata, literalmente, de un terreno para que sus miembros jueguen a la pelota.
¿Qué nos dice este gesto? Que el poder político local no considera al abogado un actor fundamental para el fortalecimiento de la república, sino un cliente más de su patronazgo. Que la mejor forma de neutralizar cualquier brote de pensamiento crítico es anestesiarlo con camaradería y recreación. En vez de nutrir el pensamiento jurídico, se lo distrae; en vez de fomentar el litigio estratégico, se alienta la pelota y el asado.
Esto no es menor. Porque mientras en otras provincias los colegios profesionales se plantan frente a los abusos del poder, en Catamarca se los entretiene con césped y redes. Y no es que el deporte y las actividades recreativas sean malas; al contrario, son nobles. Pero reducir el vínculo entre Estado y abogacía a la donación de un potrero es una señal clara de desprecio institucional.
El verdadero escándalo no es el potrero en sí mismo, sino lo que representa, vale decir, la renuncia tácita del Colegio a ser conciencia jurídica de la provincia. Cuando el poder regala pelotas en lugar de libros, y los abogados aceptan, lo que se patea no es el balón: es la república misma.





