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OSEP, una sucursal más del Grupo Jalil

El brutal aumento impuesto en las órdenes de la Obra Social de los Empleados Públicos, que pasaron de costar 200 pesos a 1.800, es la gota que rebalsó la paciencia de los afiliados, hartos del pésimo servicio, de la discriminación, de la falta de humanidad y del negociado constante de entidades públicas y privadas que juegan en equipo para saquear el dinero de los afiliados.

El último salto de precios en las órdenes, de casi el 1.000 por ciento, no tiene antecedentes en la historia y es un abuso descomunal, dispuesto por autoridades que están estrechamente vinculadas con el Poder Ejecutivo, y por lo tanto saben que a nadie le aumentaron el sueldo a esos niveles en la Administración Pública.

Todo el sistema parece podrido, porque el sentido de la obra social es la solidaridad: todos aportan un poquito cada mes, y así se asegura que todos tengan cobertura cuando lo necesiten. Se ayuda a unos con el aporte de otros, por un pequeño control, por una consulta o por un problema grave.

Hoy nada de eso queda en pie en la OSEP, convertida en un cruel negocio, que deja millonarias ganancias con dinero de todos para alimentar el bolsillo más grande de Catamarca: el del Grupo Jalil, que domina todo el mapa de las prestaciones en salud, desde consultorios y sanatorios privados hasta las farmacias, y ahora echa mano a OSEP sin pudor.

La obra social más grande de la provincia (curiosamente como el Ministerio de Salud), dejó de estar en manos de un médico para ser delegada a un contador: un mensaje claro y rotundo. Aquí sólo importan la plata y los números. Leopoldo Marchetti quedó como director, y como gerente pusieron a un foráneo: Horacio Campazo.

Campazo ni siquiera es catamarqueño, pero claro, hizo su trayectoria en el Sanatorio Pasteur, donde se encargaba de hacer publicidad dando entrevistas pagas por el grupo para hablar de las bondades del sanatorio monopólico.

Lamentablemente OSEP se maneja como una sucursal más del Grupo Jalil, que hace negocios privados con los afiliados de OSEP, con el doble juego de brindar una pésima atención en el área de salud pública y de desviar los pacientes hacia el sector privado.

Un turno médico en hospitales demora meses. Personas que necesitan una prótesis demoran meses. Personas que necesitan una derivación no son autorizadas. La salud pública es vaciada sistemáticamente, mientras se levanta una cortina de humo y falsas promesas como el “Polo de Salud”, para el que se compraron terrenos por cifras millonarias sin que se pusiera después ni un ladrillo.

Al grupo le viene bien que el Hospital San Juan Bautista se inunde cada vez que llueve, que los equipos se rompan y que la atención sea un asco. Sabe que todo el que pueda va a huir como de la peste del hospital público, y va a caer en sus redes.

Entonces, además de la orden, los bonos solidarios y gastos infinitos, después tiene que pagar plus médico, una práctica ilegal que el gobierno, en vez de sancionar e impedir, alienta. Porque todo va a las arcas del amo del universo.

Han destruido la salud pública y han destruido OSEP, atendiéndola como un negocio privado, cuando por su rol debería tener un directorio mixto, con un representante de los afiliados, un representante de los trabajadores estatales, un representante de los jubilados y un representante de los médicos. Nada de eso, lo manejan un contador y un hombre de confianza del Grupo Jalil, con experiencia “probada” en el Sanatorio Pasteur.

Hacen lo que quieren, total, todo lo dominan y ni siquiera se difunden las denuncias. Si alguien se queja levantan el teléfono y silencian a los medios con pauta oficial.

A nadie le importa la espera de los enfermos, a nadie le importa que se le exijan sumas astronómicas a los que necesitan una intervención o un remedio costoso. O pagan o se mueren. Lo importante es el negocio.

Hay médicos cómplices que marcan tarjeta en el ámbito público para cobrarle su sueldo al Estado, pero dedican su tiempo real al consultorio privado, donde recolectan órdenes de OSEP a lo loco para seguir cobrándole al Estado.

Abusos y más abusos. Pacientes ninguneados o ignorados. Esperas eternas, peajes que hay que pagar cada dos pasos, y una estructura podrida que sólo piensa en enriquecerse a costa de la gente.

Hagan una encuesta entre los afiliados de OSEP. Escuchen los problemas que hay. Las historias son dramáticas y se cuentan por miles. Mientras, mes a mes, a decenas de miles de trabajadores se les hacen los descuentos.

La recaudación es lo único que funciona bien. Lo demás es un desastre: que nos desmientan y empezamos con el desfile de denunciantes.

La visión del catucho 

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