Minería: los dólares no logran silenciar la verdad

Miles de millones de dólares, anuncios, fiestas, celebración de inversiones. La cuestión económica y los números fabulosos que se manejan -que jamás llegan al pueblo- no logran tapar la realidad de la gran minería, y es su devastador efecto en el medio ambiente.

La discusión en torno a la actividad extractiva en la provincia de Catamarca trasciende el terreno de la consigna política para instalarse de lleno en el debate científico y judicial. Años de investigaciones independientes, fallos judiciales y monitoreos en cuencas críticas han puesto bajo la lupa el verdadero costo ambiental de la megaminería de oro, cobre y litio.

En el departamento Andalgalá, la experiencia de emprendimientos como Bajo de la Alumbrera dejó un precedente documentado por diversos estudios técnicos y académicos. Informes de cátedras universitarias y peritajes judiciales -como los que derivaron en sentencias históricas por daños ambientales y contaminación de aguas superficiales y subterráneas- evidenciaron la alteración de los acuíferos locales, como la depresión del nivel en el Campo del Arenal. Asimismo, los análisis sobre dispersión de material particulado y drenaje ácido señalaron impactos directos sobre la flora, la calidad del aire y la producción frutícola de los valles aledaños.

Por otro lado, en la región de la Puna catamarqueña, el avance de la extracción de litio en el Salar del Hombre Muerto y en la subcuenca del río Los Patos ha abierto un nuevo capítulo de fricción ecológica. Investigaciones impulsadas por organizaciones ambientales y exigencias de estudios de impacto acumulativo ordenadas por la justicia reflejan la dramática merma en los humedales y la retracción de los cauces de agua en territorios de comunidades indígenas. A esto se suman sanciones administrativas recientes aplicadas a empresas operadoras por derrames de salmuera tóxica, lo que demuestra las fisuras en los controles preventivos.

Frente a la narrativa del progreso incondicional, la ciencia aporta matices indispensables que exigen rigor. Mientras los informes corporativos de sostenibilidad y algunas auditorías oficiales defienden la viabilidad de los procesos, los datos independientes y las resoluciones de tribunales revelan pasivos ambientales difíciles de revertir.

Nadie niega el valor de los recursos, pero no se puede subordinar la voracidad extractiva a la verdad empírica: si el agua se agota y el suelo se degrada, el balance económico deja de ser sostenible para convertirse en una hipoteca ecológica insostenible para las próximas generaciones.

Que abrumes hablando de miles de millones de dólares no alcanza para esconder esa verdad, menos en un pueblo que ya sabe que de las famosas fortunas nunca le cae ni un centavo.