La ceguera política

En la política y la gestión pública abundan los ciegos “que no quieren ver”. Es la peor de las cegueras, que de forma dolosa ignora evidencias contundentes por aferrarse a su postura. Un negacionismo forzado por la obstinación o la obsecuencia. Pero a menudo, la realidad les termina dando un baño helado, con pruebas irrefutables que los exponen y desautorizan de forma proporcional a su tozudez.

 

La lamentable noticia del cierre de la fábrica Neba, que deja más de 90 personas sin trabajo, es un claro ejemplo de esto. Y como la terquedad de negarse a ver es una dolencia autoimpuesta que afecta a la clase política sin distinguir partidos, un mismo hecho deja en evidencia a referentes del Gobierno y la oposición provincial. Y ponen a la vista lo dañino que es para los ciudadanos la atrofia de sus gobernantes.

 

Por un lado, la durísima novedad hace patente la ceguera del diputado nacional por La Libertad Avanza, Adrián Brizuela, quien en su desesperada obsecuencia con el Gobierno nacional, aseguró hace unos días que en la Argentina no hay caída del empleo. El despido masivo de una fábrica con más de 50 años de historia en la actividad industrial catamarqueña es la realidad diciéndole que abra los ojos.  

 

Como el mencionado legislador, casi la totalidad del sector libertario discurre estos meses de crisis económica con los párpados apretados, como si lo que no aceptan dejara de existir. Mientras la debacle industrial arrasa con la producción y el empleo, el mileismo exprime la imaginación para encontrarle las más rebuscadas explicaciones con tal de no validar que el modelo económico está desindustrializando el país.

 

Sea Fate, la láctea Verónica, textiles nacionales históricas o Neba, el metaverso libertario siempre encuentra una versión alternativa para explicar los cierres y despidos. Tristemente, el diputado Brizuela probablemente en breve tenga que apelar nuevamente a la imaginación para negar más cierres de empresas catamarqueñas que penden de un hilo.

 

En la vereda del frente, el Gobierno provincial también quedó retratado en su terquedad que no le permitió ver lo ineficientes de sus políticas industriales. Emperrado en sostener números de empleo privado, se negó a aceptar que la transferencia de recursos a las empresas, aunque fueran cientos y cientos de millones, no podían contrarrestar la crisis masiva.

 

Nueva Neba fue una de las empresas más favorecidas por la actual gestión provincial y no solo con subsidios multimillonarios. La fábrica del grupo Libson, cuyo titular tiene línea directa con el propio Gobernador, recibió todo tipo de beneficios, incluidas condonaciones impositivas, créditos a tasas subsidiadas y apalancamiento en el Ministerio de Industria, que por momentos se transformó en un gestor al servicio del empresario para resolver cuanto problema tuviera. Aún así, no alcanzó.

 

No se trata de hablar con el diario del lunes. Solo en el Gobierno no veían. O no lo querían ver. Era evidente que intentar mitigar desde la asistencia una crisis de características macroeconómicas es como pretender desagotar el titanic con baldes. Lo preocupante es que lo mismo aplica a tantas otras empresas radicadas en Catamarca y sostenidas a fuerza de drenar recursos sistemáticamente para tapar agujeros.

 

Este escenario, a su vez, es derivado de otro empecinamiento del Gobierno: el de inflar los números de empleo privado radicando empresas seducidas por condiciones artificiales e imposibles de sostener en el tiempo. En ese afán desbocado de mostrar resultados, se atrajeron empresas de los rubros más frágiles de la industria, como el textil. Políticas que, encima, fueron llamadoras para empresarios oportunistas y flojitos de papeles que comieron y volaron.

 

Con la misma afección anda también la UCR, criticando al Gobierno por el cierre de Neba. Chicata y desmemoriada, opinando como si en su última gestión provincial no hubieran desguazado el motor industrial de la Provincia, dejando a El Pantanillo desolado, como un símbolo de la devastación.

 

En el medio, la sociedad, pagando los desmanejos de sus gobernantes que gestionan con los ojos cerrados, con la realidad alterada y creyéndose sus fantasías. Cientos de familias quedan sin sus ingresos, mientras en la política, en vez de reconocer la crisis o buscar soluciones viables, compiten para ver quien se inventa la historieta más viral.

 

Pero la realidad es una pared dura e ineludible, que tarde o temprano se impone. No mirarla no evita el choque. Y cuanto más se avanza a ciegas, más fuerte es la colisión. El cierre de Neba lo ilustra.