Evangélicos: cómo y con quiénes ganan terreno político

“Los punteros de Dios” no conocen la grieta: trabajaron para Macri y ahora para Fernández. Con 200 candidatos en las listas del año pasado, controlan bancas e intendencias. Antiabortismo y el espejo brasileño.

Las principales organizaciones evangélicas del país predican que, institucionalmente como iglesias, no son un “partido confesional”, pero hombres y mujeres que profesan esa fe ganaron en la última década espacios de poder y protagonismo en el escenario político, más allá del color partidario del residente de la Casa Rosada.

Ninguna fuerza partidaria ignora este “poder evangélico” en alza y, aunque prefieren separar lo político de lo religioso, se acercan a los referentes cristianos en momentos coyunturales clave de la realidad nacional.

Por eso, el presidente no dudó en convocar a , la alianza que reúne a más de 15.000 iglesias cristianas evangélicas, al lanzar el programa “Argentina contra el Hambre”, de asistencia alimentaria y combate de la malnutrición en el país. “Sé muy bien todo lo que hacen”, les dijo a sus referentes en
una reunión en Olivos.

El primer mandatario tampoco excluyó a esta federación evangélica ahora que puso al rojo vivo las zonas calientes del  conurbano bonaerense y de otros puntos del país, golpeadas por la pobreza, la desocupación y el olvido.

ACIERA respondió en consecuencia y, mediante una carta, se puso a disposición del Presidente: “Nuestros templos, lugares de culto, múltiples instalaciones, recursos y voluntariado está al servicio del país para todo aquello que se necesite”, se comprometió.

La federación también demostró su poder religioso al asegurar que hay “siete millones de ciudadanos/as” evangélicos orando por el fin de la pandemia y al sumarse a la megacampaña interreligiosa “Seamos uno”, que, liderada por el cura jesuita Rodrigo Zarazaga, aspira a distribuir un millón de cajas de comida y productos de limpieza en villas porteñas y del conurbano bonaerense.

SIN GRIETA. Mauricio Macri también apeló a los evangélicos en los últimos meses de su gobierno, cuando la pobreza trepaba a índice siderales y debió improvisar políticas de asistencia social y paliativos económicos.

“Hace diez meses, cuando fuimos convocados para una fuerte tarea social, nos tildaron de macristas. En estos momentos que acompañamos al Gobierno en su lucha contra el hambre y en la emergencia por la pandemia somos albertistas”, se quejó un referente de ACIERA.

Los políticos argentinos de fe evangélica tuvieron una representación importante en las últimas elecciones, con unos 200 referentes en listas para candidatos a intendentes, legisladores nacionales, provinciales, concejales y consejeros escolares

“Esa es una mirada política antojadiza, nosotros estamos para servir a la gente”, aseguró el interlocutor de la mayor alianza evangélica del país, que prefirió el anonimato en estos momentos de crisis.

 Macri y Fernández también debieron lidiar con los reproches evangélicos por el aborto. Uno, por dar vía libre al debate legislativo para su despenalización en 2018 y el otro, por su decisión de enviar un proyecto de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo al Congreso, que por ahora quedó en cuarentena.

Los evangélicos vernáculos no tienen todavía la influencia política que ostentan en Brasil, donde forman partidos propios y los pastores son gobernadores o copan las bancas del Congreso. Una fuerza de fe y votos que arrastró a la presidencia del país vecino al referente de la ultraderecha Jair Bolsonaro, a quien apodan “Messias” por profesar ese credo y fundar un partido con impronta religiosa para intentar su futura reelección, hoy al parecer esquiva por su gestión de gobierno y su posición frente a la gravedad de la pandemia del Covid-19.

Más allá de las diferencias, los políticos argentinos de fe evangélica tuvieron una representación importante en las últimas elecciones, con unos 200 referentes en listas para candidatos a intendentes, legisladores nacionales, provinciales, concejales y consejeros escolares.

En ese contexto electoral, ACIERA tomó distancia institucional al ratificar que no apoyaba a ningún partido político y advertir que nadie puede arrogarse la representación de la mayor alianza de iglesias evangélicas del país. No obstante, consideró positivo que sus miembros lo hagan a título personal y “viviendo radicalmente” su fe y convicciones.

Luego, al conocerse los resultados, ACIERA reconoció que recopiló información a nivel nacional de los cristianos evangélicos que habían sido elegidos para ocupar cargos políticos, para felicitarlos y desearles que “la sabiduría de Dios esté sobre ellos para realizar una gestión que haga historia brillando allí en el sitio en que el Señor los colocó”.

Entre los elegidos de fe evangélica están los diputados Dina Rezinovsky (Ciudad de Buenos Aires) y Walter Ghione y Juan Algañaraz (Santa Fe). También Pablo Petrecca, que obtuvo la reelección como intendente de Junín, y Luis Castro, que logró la jefatura comunal de Santa Ana (Misiones), y una decena de concejales y unos pocos consejeros escolares en distintos municipios del país.

Un caso aparte es el de la mediática Amalia Granata, quien en Santa Fe se consagró diputada provincial con el Frente Unite por la Vida y la Familia, una alianza católica evangélica con un discurso “provida” que cosechó más de 280.000 votos y que, con seis bancas en su haber, se constituyó en la tercera fuerza partidaria de la provincia.

 Granata abandonó, sin embargo, el frente que la catapultó en la política y formó un bloque propio con la legisladora provincial Betina Fiorito, tras discrepar con el pastor evangélico Walter Ghione al trascender que había sido tentada para pasarse a las filas del macrismo.

El crecimiento político de los evangélicos va de la mano del aumento de los fieles de esa fe religiosa, que, según la última encuesta nacional sobre creencias del CONICET, pasó del 9 al 15,3% en los últimos 11 años.

El pastor Rubén Proietti, presidente de ACIERA, atribuyó este crecimiento numérico de la comunidad evangélica a su accionar pastoral y social, con iglesias presentes en los barrios más pobres, con escuelas inclusivas y comedores y con programas para recuperar adictos o acompañar a las mujeres en condición de vulnerabilidad, entre otras. Todo, sostuvo, “con un mensaje de esperanza, centrado en la fe en Jesús, el único capaz de transformar las vidas”.

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