¿Entró la bala?

Con mucha pereza intelectual como para debatir y gestionar temas serios, los legisladores catamarqueños se entreveran en discusiones sobre nimiedades irrelevantes, que no le resuelven nada a nadie pero ocupan espacio en la comunicación, que hoy es lo importante. Ante la falta de propuestas, las chicanas y picardías son un excelente placebo para salir de la intrascendencia.

 

En ese ida y vuelta petardero, el senador nacional Flavio Fama metió una de manual y puso en fila a los paladines del oficialismo, turnándose para responderle. Viejo zorro de la política, apeló a la clásica “divide y reinaras” y les aplicó un poco de terrorismo partidario, hincando el dedito en una zona bien sensible del oficialismo: el 2027.

 

En el fragor del elevadísimo debate por los baches en las calles de la Capital, el legislador radical resignificó todo el embrollo sugiriendo que el Municipio no puede mantener el asfalto en condiciones porque el gobernador Jalil le retacea los fondos al intendente Saadi para perjudicarle la gestión y embarrar sus aspiraciones de llegar a la gobernación. Rebuscada pero ingeniosa.

 

Redoblando la apuesta, Fama deslizó que Gustavo Saadi está enojado con Raúl Jalil porque sabe que no le va a dar la candidatura a gobernador. Apoyando su hipótesis con una remembranza express del recorrido político del gobernador, señalando su poco apego a permanencia en espacios políticos y su agilidad para reacomodarse.

 

Lo llamativo es que la inventiva de Fama fue efectiva, porque la reacción no demoró. Uno de los primeros en salir fue el diputado Ledesma, que nunca desaprovecha una oportunidad para publicar algo en el Facebook. Servido en bandeja se la dejó el radical y ahí salió con su réplica digital cuestionando a Fama y su calibre de político.

 

Lo mismo hizo el ministro Natella, enviado al Gobierno como una avanzada saadista para ir sentando las bases de la transición, pidiéndole a Fama que deje de lado su divismo y trabaje por los catamarqueño.

 

Más o menos explícitamente, todos sugirieron que el oficialismo tiene las cosas en orden y que hacia adentro no hay grietas. Pero, a juzgar por la magnitud de la reacción, parece que hay algo de escozor. Quizás, más allá de lo “pactado”, en algún rincón del jalilismo acaricien la idea de seguir un poco más. Quizás haya quienes sugieran que el intendente la va a chocar y que mejor incumplir acuerdo y salvar el proyecto que arriesgar todo solo por guardar la palabra con honor.

 

Aparentemente el tema genera algo de sensibilidad. Como dicen los jóvenes, parecería que “entró la bala”.