El humo de los acomodados

El nepotismo y el amiguismo llenan de humo el Estado. En los tres poderes abundan los personajes que llegan a los cargos por cuña y luego ejercen sus funciones con ínfulas de erudición, queriendo aparentar solidez en asuntos que van aprendiendo sobre la marcha y a medias. Lo preocupante es que esa incompetencia se traslada a la gestión y se impregna en cuestiones de enorme seriedad como las de elaborar las leyes.

Ahí andan varios de estos en la Cámara de Diputados metiendo mano y opinando de la reforma del Código Procesal Penal y el Banco de Perfiles Genéticos Digitalizados, como eminencias en la materia. Y haciendo declaraciones sofisticadas sobre asuntos de los que, hasta anteayer, no habían escuchado ni hablar y sobre los que ahora deciden.

Desde el punto de vista institucional, es la tarea que les corresponde, porque son diputados. Pero analizando su idoneidad, a muchos de ellos los temas los exceden. Una incongruencia propia de ocupar espacios a los que llegaron por un atajo.

El nepotismo y el amiguismo no son lo mismo, pero están emparentados en esto de favorecer a sus vínculos de sangre o de amistad con nombramientos, acomodos en cargos públicos y preferencias para llegar a puestos electivos. Siempre, claro, priorizando la relación sobre el mérito, la capacidad o la competencia profesional.

Si la palanca es fuerte, luego de la designación llega el despliegue propagandístico para construir el relato del gran profesional, erudito en vastas áreas del conocimiento y gran gestor de lo público. Estrategia que logra, con el paso del tiempo, forzar una realidad paralela donde el acomodado se convierte en una eminencia con abultado curriculum.

El apartado “Experiencia Laboral” de un CV es medular para conocer a una persona en su faceta profesional. A simple vista se puede ver la trayectoria y, en función de las posiciones a las que accedió y tareas que se desempeñó, tener una idea de sus competencias.

Pero si muchos (o todos) esos trabajos fueron conseguidos por cuña, sin importar las capacidades reales, y ejercidos sin requerimientos de resultados comprobables todo se distorsiona. En el papel parecen ser ilustrados, pero en la realidad son acomodados, con credenciales truchas y dudosas habilidades.

Así, por ejemplo, hace unos días se anunció con gran solemnidad la elección de las nuevas autoridades de la Comisión de Legislación General. En los partes oficiales se describía a la comisión como “clave dentro del funcionamiento legislativo” y “central para el tratamiento y análisis de proyectos vinculados al ordenamiento jurídico y normativo provincial”. En contraste, se designaron a dos notables ejemplares del acomodo.

El caso del nuevo presidente de la comisión es un ejemplo de manual para ilustrar cómo, teniendo el apellido y el mentor indicados, en el Estado cualquier cargo está al alcance. De abogado sin pergaminos, experiencia laboral ni militancia, acomodado en la presidencia del Colegio de Abogados y de allí eyectado a dedo a la Cámara de Diputados para terminar presidiendo un espacio “clave”.

Para completar el trabajo, las redes de la cámara baja provincial parecen un álbum de fotos del aludido, retratado en pose de seriedad y trabajo, desde todos los ángulos posibles y acompañando de textos que aportar a construir en el plano comunicativo un personaje que en los hechos no destaca en lo más mínimo.

El nepotismo y el amiguismo saturan con su humo la Cámara de Diputados. Los acomodos necesitan ser disimulados. Y la mejor manera es inflar las cualidades de los acomodados para darles visos de experto. De paso, se lo va preparando para el próximo salto. A este ritmo, no sorprenderá que sea a la presidencia del cuerpo.