Caputo admitió preocupación por la recuperación y la inflación

El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció por primera vez en público que el Gobierno sigue de cerca dos variables que no terminan de acomodarse: la velocidad de la recuperación económica y la dinámica de la inflación. Lo hizo este miércoles durante una exposición ante empresarios y referentes del sector en la Bolsa de Comercio de Rosario.

Frente a un auditorio de más de 700 personas, Caputo admitió que esperaba un rebote más acelerado de la actividad. “Me preocupa la velocidad de la recuperación. Tenemos potencial para crecer al 9% o 10%”, señaló. Aun así, relativizó los datos más recientes: deslizó que el EMAE de febrero podría mostrar una caída y que la inflación del último mes podría ubicarse por encima de lo previsto, empujada por subas en rubros como combustibles y educación. “No nos va a desviar del rumbo. Vamos a llegar a la meta”, insistió.

El ministro también se refirió a uno de los reclamos más persistentes del sector agropecuario: la eliminación de las retenciones. Dijo que le gustaría avanzar en esa dirección, pero descartó una baja en el corto plazo. “Me encantaría llevarlas a cero mañana, pero eso generaría déficit fiscal”, explicó, y planteó que ese desequilibrio obligaría a financiarse, lo que —según su mirada— abriría la puerta a una vuelta de políticas asociadas al kirchnerismo, en alusión a Cristina Fernández de Kirchner.

En otro tramo de su intervención, Caputo endureció el tono frente a los economistas que plantean la necesidad de una devaluación para mejorar la competitividad. Negó que el tipo de cambio esté atrasado y defendió la estrategia oficial para contener la inflación. “Es patético decir que la solución es devaluar”, sostuvo, y cuestionó a quienes impulsan esa idea, sugiriendo que lo hacen por interés o desconocimiento.

Fiel a un estilo cada vez más frontal, el ministro cerró ese punto con una frase que no pasó desapercibida: dijo que a quienes proponen una devaluación “le dan ganas de cagarlos a patadas”, en un exabrupto que reflejó el clima de tensión que atraviesa el debate económico.