La reciente carta abierta del diputado provincial Javier Galán (MID) dirigida al presidente Javier Milei es un ejercicio de manual de cinismo y distracción política. Intentar subirse al estrado de la moral republicana y la defensa de las instituciones exige, como requisito mínimo, tener los papeles y la conciencia limpios. No está claro si es el caso de este legislador.
Resulta llamativo y profundamente oportunista que Galán recurra a la memoria de un caso doloroso que conmocionó a la provincia hace casi 40 años, como el de María Soledad Morales, para intentar captar la atención presidencial y congraciarse con el electorado.
Instrumentar políticamente tragedias del pasado -con el único fin de construir un relato de persecución o de erigirse en el defensor de “la conciencia democrática”- no solo es éticamente reprochable, sino que subestima la inteligencia de la sociedad catamarqueña.
El principal problema de Galán no es su repentina y sospechosa preocupación por la justicia de décadas pasadas, sino su incapacidad crónica para rendir cuentas sobre su propio presente.
Mientras redacta misivas sobre el debilitamiento de la democracia y la supuesta falta de independencia judicial, las oficinas del Poder Judicial local tramitan causas que lo involucran directamente. Para responder no tiene tanto apuro.
La lista de acusaciones en su contra es alarmante, incluyendo tres denuncias por presuntos delitos contra la integridad sexual, presentadas por mujeres que formaban parte de su propio entorno laboral. Una imputación por peculado de servicios y exacciones ilegales, bajo la sospecha de utilizar empleados legislativos pagados con fondos públicos para trabajar en su corralón privado. Una denuncia por coacción y amenazas agravadas, luego de que un testigo clave asegurara haber sido amedrentado por el propio diputado con un arma blanca en la cocina de su comercio para forzar un cambio en su declaración judicial. Denuncias formales por violencia de género y amenazas en la misma Cámara de Diputados.
Con un pedido formal de desafuero emitido sobre su cabeza, la estrategia del legislador del MID es evidente: encender cortinas de humo mediáticas para desviar la atención de los tribunales.
Si el diputado Galán está tan preocupado por recuperar la confianza en las instituciones y la plena vigencia del Estado de Derecho en Catamarca, debería empezar por casa.
La verdadera degradación de la democracia no ocurre cuando la sociedad cuestiona a sus instituciones; ocurre cuando sus representantes utilizan las bancas como escudos de impunidad.
Pero es más cómodo hablar del Caso Morales. También puede pedir justicia por la decapitación de José Cubas, capaz que funciona.





