El petróleo se disparó más de 50% por la guerra en Medio Oriente y crece la preocupación global

La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a sacudir a los mercados internacionales y encendió las alarmas en las principales economías del mundo. En las últimas semanas, el precio del petróleo acumuló una suba superior al 50% y se mantiene cerca de los 110 dólares por barril, una situación que ya comenzó a trasladarse a los precios de los combustibles y a generar medidas de emergencia en distintos países para evitar un impacto mayor sobre la inflación y la actividad económica.

Según el último relevamiento difundido este viernes, desde el inicio de la guerra el crudo trepó un 51,3%, impulsado por la incertidumbre geopolítica y por el temor a nuevas interrupciones en el abastecimiento energético global. La tensión en la región, sumada a las dificultades logísticas vinculadas al transporte y la exportación, volvió a colocar al mercado petrolero en el centro de la escena internacional.

Frente a este escenario, varios gobiernos comenzaron a desplegar medidas para contener el efecto del encarecimiento del petróleo. Entre las herramientas más utilizadas aparecen subsidios directos a los combustibles, reducciones temporales de impuestos, controles sobre precios internos e incluso restricciones a las exportaciones de crudo y derivados. Entre los países que ya avanzaron con este tipo de decisiones figuran China, Italia, Estados Unidos y Brasil, en un intento por evitar que la suba internacional golpee de lleno en el consumo y en los costos de producción.

En algunos casos, las respuestas oficiales también incluyeron medidas orientadas a reducir la demanda de combustible. Tailandia y Vietnam, por ejemplo, impulsaron nuevamente esquemas de trabajo remoto para disminuir la circulación y el uso de vehículos, mientras que Pakistán anunció recortes de horarios para determinadas actividades económicas con el objetivo de moderar el consumo energético.

La suba del crudo no solo presiona sobre los surtidores. Analistas internacionales advierten que el encarecimiento de la energía puede trasladarse rápidamente a la cadena logística, el transporte de mercaderías, los alimentos y distintos insumos industriales, profundizando el riesgo de una nueva ola inflacionaria a escala global. En ese marco, organismos internacionales ya habían pedido días atrás una mayor coordinación entre los países para atenuar el impacto de la crisis y evitar un deterioro más profundo en la actividad económica.

En la Argentina, la suba internacional del petróleo también generó preocupación por su posible efecto sobre los combustibles y la inflación. En los últimos días, el Gobierno nacional decidió postergar una actualización impositiva sobre naftas y gasoil, mientras desde el sector energético se multiplicaron las señales para intentar evitar un traslado inmediato del shock externo al precio final en los surtidores.

Con el barril todavía en niveles elevados y sin señales claras de distensión en Medio Oriente, el mercado energético mundial sigue operando bajo fuerte volatilidad. La evolución del conflicto y las decisiones que adopten las principales potencias serán determinantes en los próximos días para saber si el salto del petróleo se estabiliza o si la presión sobre los precios internacionales vuelve a profundizarse