Teléfono para Pilar Sordo: los radicales no aprenden a soltar

Y dale con el Frente Cívico y Social. La nostalgia está consumiendo a la Unión Cívica Radical de Catamarca, y aun entre las cenizas se abrazan al pasado y vuelven a meter en la campaña al Frente Cívico y Social, la época dorada para un grupo de familias radicales que copó el gobierno, se olvidó de la gente, y cuando creyeron que tenían la vaca atada y se quedaban “20, 40, 60 años más”, como decía Eduardo Brizuela del Moral, desaparecieron.

No lo entienden, como esas personas grandes que se quedan embelesadas viendo fotos de la adolescencia, no comprenden que el tiempo pasó, que la sociedad cambió. Y creen que lo mejor para un discurso a una semana de las elecciones es hablar de un proyecto de hace 35 años atrás… ¡qué visión de futuro!

Ahora que todos reconocen el peso y la incidencia del electorado joven, esta gente le habla de recuerdos a decenas de miles de votantes que ni habían nacido cuando estaban en el poder.

Y para peor tienen un recuerdo demasiado idealizado de sí mismos. Veamos:

“Hay momentos en que los pueblos deben recordar quiénes fueron para decidir quiénes quieren ser. Catamarca vivió una etapa donde la política significaba trabajo, educación, salud y honestidad. Esa etapa tuvo nombre: Frente Cívico y Social (FCS). Fuimos nosotros los que llevamos la energía a cada casa, los que defendimos la educación y la salud pública, garantizamos salarios justos, paz social y calidad institucional. Fuimos -y somos- el radicalismo que transformó Catamarca con decencia y trabajo. Provincias Unidas es la continuidad de aquel FCS, la casa común donde radicales, movilizadores y catamarqueños de bien volvemos a encontrarnos para construir una alternativa real, honesta y posible. Una fuerza que no divide ni promete milagros: trabaja, escucha y propone”.

Bueno, bueno, bueno. Lo que se dice una visión sesgada. Les faltó agregar que se vendieron al menemismo, que perseguían, humillaban y dejaban en la calle a empleados públicos de la oposición, que reinsertaron en el gobierno a decenas de funcionarios de la dictadura, reventaron el Banco de Catamarca, entregaron la Caja de Jubilaciones con un festival de jubilados de pantalones cortos, despilfarraron las fortunas de Bajo La Alumbrera, manipularon horrorosamente la justicia para mantenerse en el poder mediante el uso político de un crimen, robaron millones en Educación, robaron millones con las compras directas, robaron millones con la timba de la triangulación financiera, abusaron del nepotismo, le tiraban comida de los pobres a los chanchos, reprimieron Andalgalá porque defendía su agua, repartieron casas a familiares entre gallos y medianoche, rifaron las empresas de agua y energía con oscuros negociados, hicieron un estadio que se derrumbó en tiempo record, pagaron sueldos con bonos-basura, se aliaron con el kirchnerismo que se los comió en cuatro años, nombraron miles de personas después de perder las elecciones y tantos escándalos que se podría escribir un libro.

Vamos muchachos, vayan con ese cuento de Disney a otra parte, que acá vive gente que todavía no perdió del todo la memoria. Si fueran tan maravillosos no hubieran perdido las últimas cuatro elecciones a gobernador, sacando cada vez menos votos, ni sus presidentes y legisladores nacionales y provinciales huirían a otros partidos, ni hubieran terminado cuartos en los últimos comicios, detrás de los votos en blanco.

Podrían probar con democratizar el partido en vez de judicializar todo para no hacer una interna, podrían trabajar en hacer un proyecto, en tener una identidad propia en vez de colgarse desesperados del saco de los Macri o de cualquiera que les prometa un cargo. Hay muchas formas de reconstruirse, pero los viajes al pasado de fantasía sólo funcionan en Hollywood.