A seis años del asesinato de Fernando Báez Sosa, la ciudad balnearia ubicada en la costa bonaerense aún no volvió a experimentar la vitalidad que caracterizaba a su escena nocturna antes del brutal crimen. El 18 de enero de 2020, Fernando, de 18 años, fue atacado a golpes por un grupo de jóvenes a la salida del boliche Le Brique, un hecho que conmocionó a la Argentina y que, con el paso del tiempo, dejó profundas secuelas en la percepción social del ambiente nocturno gesellino.
Pese a que algunos locales y boliches han reabierto sus puertas con el paso de los años, fuentes del sector consultadas por locales aseguran que la concurrencia de público y la dinámica habitual de antes del crimen aún no se han restablecido por completo. Muchos jóvenes y comerciantes confían en que los recuerdos del caso siguen influyendo en las decisiones de quienes planean salir a bailar o disfrutar de la noche.
El asesinato de Fernando no sólo provocó una condena histórica —con pena de prisión perpetua para cinco de los responsables y 15 años para los otros tres tras un juicio que mantuvo la atención pública durante meses— sino que también generó un fuerte debate social sobre la violencia en espacios de esparcimiento nocturno en todo el país.
Además de la perspectiva comercial y social, cada aniversario del crimen sigue siendo acompañado por actos conmemorativos, como misas y encuentros de familiares y amigos, que buscan mantener viva la memoria de Fernando y renovar el reclamo contra la violencia que terminó con su vida.





