Dios le da pan al que no tiene dientes, y Capresca le da préstamos al que tiene índices.
Al menos eso es lo que se desprende del último sorteo de la Caja de Prestaciones, que hizo estallar las redes sociales, porque resulta que entre los felices ganadores hay muchos, demasiados apellidos conocidos y bien ubicados en el paraíso de los funcionarios públicos.
El caso que más repercusión tuvo fue el de los hermanos Barros, una de las familias enquistadas a la teta del Estado.
Augusto es legislador, su esposa es directora de Orfebrería, su hijo es subsecretario de Desarrollo Social en el municipio, y hasta se dice que otra hija de Augusto Barros, que trabaja justamente en Capresca, fue quien sacó los cupones.
Casualidad o no, lo cierto es que salieron sorteados Eva Elizabeth Barros y Eugenio Ernesto Barros.
Si fue obra del azar o trampa, imposible saberlo. Pero para el caso es lo mismo.
Dejemos el polémico sorteo de lado y preguntémonos otra cosa.
¿No es el fin de Capresca brindar una ayuda a social a quienes menos tienen?
¿Es necesario que una familia con tantos altísimos sueldos asegurados mes a mes recurra a una ayuda social?
Si son todos funcionarios, ¿es justo que acaparen estas ayudas en vez de dejarlas para gente humilde que de verdad necesita?
No deberían los funcionarios y sus familiares quedar afuera de estas ayudas sociales. ¿Por qué los más ricos son siempre los más desaforados a la hora de sacar sanguchitos de la mesa? ¿Les hace falta?
Eso nos parece muy grave, muy malo, muy poco ético. Da lo mismo si el sorteo estaba arreglado o no. Supongamos que el sorteo fue legal, que todo se hizo en forma transparente (está permitido dudar, pero supongamos): que se anote esta gente es una vergüenza, ganen o pierdan después.
Cobran diez veces más que los trabajadores comunes. ¿Cuántas familias suman los fabulosos ingresos que acumula el grupo familiar del verborrágico Augusto Barros, quien se ocupó de acomodar a toda la parentela en la administración pública?
¿Nunca quedan satisfechos estos militantes rentados, que se hacen los superperonistas pero exigen a cambio sueldos, y nombramientos, y más sueldos, y más favores?
Es un papelón. Pero no va a pasar nada, nadie va a renunciar, todos van a seguir cobrando lo más panchos. Los comentarios negativos y los memes van a durar unos días, ellos van a seguir chupando la sangre del Estado varios años… ¿qué les puede importar?
El concejal de Valle Viejo Javier Espinoza va a pedir la nulidad del sorteo, porque además ganaron María Celeste Zenteno, hermana de la intendenta y con punto índice del ministerio de Gobierno; Jessica Pacheco funcionaria del Municipio chacarero y Julio Cesar Figueroa, primo hermano del concejal Sergio Figueroa, a quien asegura que además le dieron una casa hace poco.
Un papelón total.





