La encrucijada de la unidad opositora

Entre el entusiasmo y los viejos fantasmas, así transita el escenario político de la oposición, con semanas de intensas negociaciones internas. Con la mirada puesta en romper con casi dos décadas de hegemonía peronista, el arco opositor local ha comenzado a ensayar acercamientos significativos.

El sueño de reeditar el Frente Cívico y Social siempre está latente, y aunque en 2023 se hizo el mayor ensayo y fracasó (se prometió un candidato único y terminaron yendo a una interna en las PASO que los liquidó a todos), este nuevo intento tiene otras características.

Reuniones recientes entre figuras del peronismo disidente como Hugo Ávila, el radicalismo renovador, como Tiago Puente, y referentes del espectro liberal y el MID, como Javier Galán, encendieron las alarmas del oficialismo y, al mismo tiempo, sembraron expectativas en el electorado.

La necesidad de amalgamar una propuesta amplia es un diagnóstico compartido, pero de difícil ejecución. Dirigentes de La Libertad Avanza (LLA), parte de la Unión Cívica Radical (UCR) y el PRO coinciden en que la fragmentación del pasado solo garantizó la permanencia del actual modelo de gestión.

En este sentido, los sectores más dialoguistas empujan la creación de un programa común centrado en las problemáticas estructurales de la provincia: salud pública, deficiencias educativas y desarrollo económico. Pero hasta ahora ideas no se mostraron, y nadie sabe cómo se resolvería el reparto de candidaturas.

 El optimismo radica en la posibilidad de conformar un frente transversal donde “las diferencias personales no detengan el futuro”, una frase linda pero compleja para llevar a la práctica.

Por eso, las dudas y tensiones internas emergen con la misma velocidad que los consensos preliminares. El principal dilema radica en la subordinación de la agenda local a los intereses nacionales.

Mientras que el sector libertario liderado por el diputado Adrián Brizuela sostiene que LLA debe ser la “columna vertebral” del espacio alineado con la Casa Rosada, los sectores locales exigen un armado con identidad catamarqueña y “sin etiquetas de Buenos Aires”.

 Esta puja traba de entrada la consolidación de una mesa de conducción uniforme. A esto se suman los recelos históricos entre la vieja guardia radical, que viene de sellar su propia interna partidaria bajo la conducción de Genaro Contreras, y el emergente polo liberal. Las críticas mutuas sobre la coherencia ideológica, las mudanzas, las traiciones y los liderazgos individuales generan desconfianza.

Además, existen sospechas cruzadas respecto a los lazos soterrados que ciertos sectores opositores mantendrían con el gobierno provincial de Raúl Jalil. Los conocidos caballos de Troya que tan bien le han funcionado al peronismo desde 2011… porque allí donde el Gobierno quiso comprar dirigentes, siempre encontró a algunos dispuestos a venderse.

El desafío de la oposición en Catamarca reside en capitalizar el desgaste de la gestión oficialista sin caer en el mero “amontonamiento” de siglas.

Lograr que las legítimas aspiraciones partidarias convivan bajo una misma bandera será la única vía para transformar las expectativas en una verdadera opción de alternancia institucional. Por ahora, todo parece muy verde.

Pero queda tiempo…