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¿Jalil juega a la perinola?

Como en el clásico juego de mesa, Raúl Jalil parece haber hecho girar la perinola y le salió “Tomatodo”. El jefe de Estado lanzó una batería de decretos sorprendentes, que dejó a propios y extraños con la boca abierta, porque se hizo de un saque con todas las cajas a la vista.

Regalías mineras, coparticipación municipal, Capresca, recaudaciones de organismos, todo todito a un solo bolsillo, el del Estado provincial, que le pasó la escoba a todo para armar una bolsa gigante que convierte al Ejecutivo en amo y señor, y a sus plantas rendidos intendentes, legisladores, empleados, todos…

Como un Fujimori económico, Raúl agarró el mazo completo y reescribió las reglas de todos los juegos para ser siempre el que reparte. De un plumazo, fue más lejos de lo que haya ido nadie, con un personalismo excluyente que más que un estilo de gobernar amenaza con poner en duda el respeto a las instituciones.

Decreto va, decreto viene, Jalil pegó un amague al mejor estilo Messi y dejó plantada a la Legislatura completa, a la que no consideró ni como fuente de consulta. Y de yapa avisó que ya va a ver dónde manda sus empleados, si a la policía o a salud, porque no quiere hacer más nombramientos pero sí tiene varias “reubicaciones” en la mira.

¡Epa! ¿No será mucho? Es gobernador legítimo, ganó las elecciones sin cuestionamientos… pero es gobernador, no rey, amo y señor de Catamarca. Tampoco el dueño. Hay reglas, hay normas, hay división de poderes. Hay pasos y formas. No es una empresa privada en la que se pone, se saca y se mueve según se le ocurra al dueño.

Además, este proyecto que arrasa con todo como un torbellino de cambios, hasta el momento, no se parece en nada al peronismo. Son medidas donde el trabajador es un engranaje chiquito que apenas sirve para hacer mover las maquinitas contadoras de billetes. Y en el peronismo, se supone, es piensa distinto: la idea es que el Estado esté al servicio de la gente y no los trabajadores al servicio de los números (digamos “números”, no vamos a decir “negocios” porque suena feo).

Claro, ahora el tema es otro… ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién puede patalear o quejarse?

Los intendentes están que trinan, pero tienen que tragarse el sapo porque si les cortan los víveres no pueden ni pagar los sueldos. Los legisladores están incendiados de bronca, pero apenas si pueden levantar la voz algunos opositores. Los sindicatos van tímidamente a las trincheras pero están maniatados.

Y como telón de fondo, el paisaje de la cuarentena y la crisis que se exhibe para explicarlo todo.

Jalil está tomando todo literalmente. Y puede desatar un conflicto gigante. Se lo dijeron, se lo dicen, pero parece que no escucha.

El Catucho. 

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