Dime con quien andas…

En el actual escenario nacional de enorme fragmentación política y reconfiguración de los espacios, definir la identidad partidaria o pertenencia ideológica de sus actores es asunto complejo. Apelar a parámetros tradicionales como la filiación formal o la estructura con la que llegaron a sus cargos ya no alcanza. El comportamiento orgánico fue reemplazado por un esquema líquido donde los reacomodamientos son constantes y frecuentemente motivados por intereses. Algunos son cercamientos coyunturales y otros comienzan a consolidarse como estables.

 

En ese limbo se mueve actualmente el gobernador Raúl Jalil, orgánicamente peronista, elegido por la alianza kirchnerista Unión por la Patria, pero liberado de todo corsé en su gestión. Su procedencia política no fue impedimento para negociar con Nación, excediendo límites que el purismo partidario considera inaceptables y avanzando sin titubear en cerrar tratos pagados con claros apoyos políticos a Nación.

 

El conveniente reacomodamiento con bloque propio en Diputados y el apoyo en ambas cámaras del Congreso a iniciativas legislativas del Gobierno son muestras elocuentes de este alineamiento. Como también son más que explícitas las retribuciones de la administración federal.

 

La pregunta en este punto es, en qué momento se cruza la frontera de la buena relación o la negociación circunstancial y se avanza hacia el terreno de la pertenencia. Esto, a propósito de lo que se ya concretó y, sobre todo, de lo que hay en el futuro. Porque Nación sigue necesitando el acompañamiento de las provincias. Y Catamarca parece ser ya un bastión predilecto en el que buscarlo.

 

En la agenda libertaria, la reforma laboral es el próximo desafío que buscará superar con éxito en el Congreso. Y para eso, necesita cerrar el apoyo de gobernadores “no oficialistas” que le aseguren los votos necesarios. La fecha límite es el 10 de febrero, y el ministro del Interior, Diego Santilli, ya puso en marcha su plan de seducción. En este contexto, según la prensa nacional, el funcionario llegaría a Catamarca a “visitar” a Jalil.

 

Más allá de la curiosidad de saber qué puede ofrecer Nación o qué puede pedir el Gobernador en esta nueva negociación, es interesante analizar si esta relación cada vez más estrecha no se empieza a parecer a un conversión. La continuidad en el tiempo de este vínculo tan fluido parece quedarle muy cómodo al mandatario. Al punto de empezar a funcionar como un contrapeso de su procedencia partidaria y gravitar cada vez más en sus decisiones políticas y de gestión.

 

Todo esto, al mismo tiempo que el peronismo nacional, del que Jalil está cada vez más distante, vive una profunda debacle. Fracturado, sin rumbo y carente de proyectos electorales potables, hace rato que dejó de ser para Jalil un espacio de alianzas o construcción política. Ni que hablar de los mandatarios peronistas que en otros tiempos dieron fuerza a un bloque para plantar cara a Nación y hoy están caídos en desgracia y sin puentes de comunicación con la administración de Milei.

 

El desplazamiento es doble; alejamiento de los sectores peronista y acercamiento al Gobierno nacional. Quizás sería mucho hablar de una posible alianza formal o un acuerdo electoral a futuro. Probablemente un vínculo tan definido tampoco sea útil para el estilo negociador y dialoguista del Gobernador. Sin embargo, si se intenta dilucidar su posicionamiento político, esta cercanía ya cotidiana adquiere cada vez más peso. En definitiva, es como reza el refrán, “dime con quién andas, y te diré quién eres.”