Tanto a nivel nacional como provincial, todo indica que las próximas elecciones estarán polarizadas entre el peronismo y los libertarios, ya que las demás fuerzas van mezcladas y divididas en distintas listas, comenzando por los radicales, que se repartieron por todos lados.
Así, Fuerza Patria y La Libertad Avanza son hasta ahora los únicos que tienen expectativa de ganar, y están jugando sus cartas para seducir al electorado indeciso o independiente.
En esta recta final, el oficialismo usa su estructura ya probada y su poder, con actos e inauguraciones, repitiendo la fórmula que le viene dando buenos resultados hace años. El gobernador Raúl Jalil, que coqueteó casi dos años con Casa Rosada, recuperó de pronto su estirpe peronista y esboza algunas críticas.
Los violetas, mezclados con los radicales a falta de soldados propios, van por la negativa en una campaña que se resume en el slogan “Jalilandia o libertad”, un mensaje directo y concreto que apunta a sacar provecho del desgaste y la floja imagen de Jalil, que gana apoyado en el PJ pero no tiene grandes seguidores propios como sí tenían Eduardo Brizuela del Moral o la misma Lucía Corpacci.
Precisamente Corpacci, que pasó a un segundo plano pero todavía juega, salió a defender a Jalil, diciendo que lo de “jalilandia” no tiene sentido.
Para la senadora, palabras más, palabras menos, los Jalil son una familia tradicional que genera trabajo y que el hecho de que uno de sus integrantes se haya dedicado a la política no habilita a usar ese mote malintencionado.
La oposición apuesta a cuestionar el poder económico y la expansión de un grupo que, puesto en el poder, no encuentra límites.
Pero Jalilandia no alude solo a la parte del dinero: se refiere a una provincia sin controles, donde la Justicia, el Tribunal de Cuentas, la Legislatura, los negocios, todo responde a una sola persona. Y tienen un punto ahí.
Por otro lado, el mensaje de “libertad” no suena muy consistente. ¿Libertad de qué? Si la propuesta es destruir el Estado, como dice Milei, difícilmente sea bien acogida en Catamarca, donde el 90 por ciento de la población vive del Estado.
Tampoco se entiende si libertad es votar contra los aumentos a jubilados, contra el financiamiento de las universidades, contra la emergencia en discapacidad o contra el Garrahan. ¿Libertad es “arréglate como puedas”?
Mientras se difunden dudosos índices que hablan de lo bien que está la población y cómo caen la pobreza y la indigencia mientras la gente no tiene un mango, la cuenta regresiva a las elecciones se hace confusa.
La escasez de propuestas concretas es alarmante, y parece que la competencia es ver si más gente detesta a Jalil o a Milei para ver a quién votan. Los propios candidatos, mayoritariamente, apuestan a eso. Y el resto va por las sobras para rascar alguna banca.
Un panorama muy pobre para una legislativa que tiene aroma a decisiva de cara a 2027.





