En el día de ayer a la vera de la RPN 43, en el tramo que va desde El Peñón hacia Antofagasta de la Sierra, se vio una escenario bastante atípico.
Cientos de bolsas de envoltorios de pollos se encontraban desparramadas por el campo, esto fue en principio la preocupación de los pobladores que transitaban por el lugar, por tratarse de un comportamiento desagradable ante el cuidado del medioambiente.
Hasta aquí, aparecía solo la necesidad de insistir en el cuidado de la naturaleza que nos rodea. Cuando uno de los transeúntes descendió del vehículo para levantar la basura del lugar y llevarla hasta los contenedores de la Villa del departamento, la sorpresa fue mayor cuando se dio con una desolada y preocupante verdad que ya atraviesa un límite mayor. Las bolsas arrojadas eran de pollos que se encontraban en mal estado para su consumo, es decir, con la fecha de vencimiento cumplida.

La falta de controles bromatológicos es uno de los problemas más que los antofagasteños tienen que atravesar además de la escasez en la provisión de alimentos y los súper precios.
En cuestiones claves para el cuidado de la salud y más en un contexto de pandemia donde el sistema sanitario todavía no está preparado para dar respuesta a posibles requerimientos, deberían estar garantizadas estás prioridades a toda la sociedad y en especial para los pobladores del interior profundo que sufren estos atropellos sin medida en cualquier época del año.





