A casi cuatro años del hallazgo del cuerpo mutilado y sin vida del ministro Juan Carlos Rojas, la Justicia no va para atrás ni para adelante. Sin detenidos, sin hipótesis, sin ganas de resolver nada y ya sin la presión social ni las marchas de la que supieron participar los políticos, el tema quedó freezado.
Tan mal viene la mano que en lugar de avanzar se advierte un torpe retroceso: cada perito tiene su teoría, y ahora no descartan un accidente, con lo cual se reflota la teoría del primer fiscal, Laureano Palacios, que descartó alegremente el crimen y habló de una muerte natural.
Ahora se hizo una junta de peritos y en concreto no lograron ordenar las conclusiones periciales. La tarea, como en el juego de la oca, sólo marcó marcha atrás de varios casilleros: no pueden decir cómo murió.
Dice que pudo haber sido homicidio, que pudo haber sido muerte accidental, que pudo haber sido un homicidio preterintencional. Sí, casi cuatro años después, estamos como cuando vinimos de España.
Quizás fueron a apretarlo y lo torturaron hasta matarlo, o capaz que sólo se cayó. Eso dicen los que saben.
Parece que ya nadie recuerda las terribles fotografías que hicieron públicas los hijos de Rojitas. ¿Qué clase de caída pudo haberle provocado casi 40 lesiones en el cuerpo? ¿Cayó por una cumbre rocosa? Claro, uno no sabe nada al lado de los peritos, pero tiene sentido común.
Y el sentido común sugiere que si pasan los años y no se aclara nada, es posible que alguien no quiera que se aclare.
Así lo lamenta el abogado de la familia de Rojitas, Iván Sarquís, quien fue terminante al sostener que “hablar de una muerte accidental es como matar de nuevo a Juan Carlos Rojas”.
“Hay cosas que no se explican si no es por la intervención de factores de poder. La causa no avanza como debería”, dice Sarquís. Y sí, no hace falta ser doctor en derecho para darse cuenta que algo huele mal desde el primer día.





