Con frenética actividad en redes sociales, el joven legislador Tiago Puente Diamante primereó a todos y ya se lanzó de lleno a su campaña 2027, donde insistirá por su sueño dorado: ser intendente de la Capital.
Puente Diamante viene haciendo una carrera meteórica en política, pero nunca pudo despegarse y tener peso propio, por cierta ansiedad que lo caracteriza y le impide sostenerse en proyectos a largo plazo.
Quiere llegar ya, y eso lo llevó a cambiar de camisetas también en forma meteórica, recibiendo acusaciones de sus propios copartidarios de “prostituirse” por cargos.
Como sea, Puente tiene su lugar y quiere más, para lo cual apuesta todas las fichas al fenómeno del momento, las redes sociales, que lo tienen como uno de los diputados tiktokers más activos.
Puente arrancó en política muy chico, y ya en 2014 asumió como presidente de Comité Capital de la UCR.
Se declaraba enamorado del radicalismo: “Es un partido que me enamoró por sus valores, por esa honestidad que siempre lo ha distinguido y, sobre todo, por atender cabalmente la vocación de servicio”, declaraba.
Pero como la UCR ya empezaba a venirse en picada, ese amor terminó siendo como romance de estudiante.
En 2017 ya fue precandidato a concejal en alianza con el macrismo, ese salvavidas de plomo que hundió a los boinablancas catamarqueños, y en 2019 asumió como diputado provincial.
Todavía radical, en 2021 asumió como secretario general de la JR nacional, y promovió con fuerza la unidad de toda la oposición para la reedición del Frente Cívico y Social, idea que tuvo cero eco.
En 2023 se lanzó apresuradamente como precandidato intendente, con spots, afiches y todo el cotillón, pero lo bajaron rápido, aunque con un buen premio consuelo: le dieron la reelección en diputados como cabeza de lista radical.
En las PASO eligió el bando equivocado, acompañando las candidaturas de Rubén Manzi como gobernador y Alfredo Marchioli como intendente. Les fue mal dentro de los poquitos votos que sacó todo el sector, y terminó acompañando las candidaturas de Flavio Fama para la gobernación y Francisco Monti a la intendencia, que también perdieron por paliza en la general.
Una tragedia política a medias, porque quedó del bando perdedor entre los perdedores, pero por supuesto, al ser el primero de la lista entró a Diputados con un segundo mandato.
Pero no demoró nada en darse cuenta de que el radicalismo se hundía lentamente como el Titanic, y preparó la huida.
Así, aquel amor de juventud dio paso a la supervivencia y la conveniencia personal, y abandonó el bloque radical para formar un bloque híbrido intermedio, que casi de inmediato se pintó de violeta.
Puente Diamante se puso la peluca, se dejó ver en la inauguración de la sede local de La Libertad Avanza y se enamoró de Milei apenas el libertario tomó el poder.
Hoy es un aliado más de las fuerzas del cielo, y con ese impulso fijó su próximo objetivo, que no es nuevo: quiere ir otra vez por la intendencia, ahora con la ilusión de que un respaldo mileísta le de chances de competir y triunfar.
Mientras tanto, arrancó una furiosa y precoz campaña en redes sociales, contando baches, visitando barrios, tratando de capitalizar enojos y juntar denuncias para hacerse conocido.
El 2027 se acerca, y muchos tienen aspiraciones, pero Puente Diamante no esperó que se baje la bandera y ya se largó a correr. ¿Al que madruga Dios lo ayuda o no por mucho madrugar amanece más temprano?
Veremos. Lo único seguro por el momento es que competidores no le faltarán.





