Salieron, casi en parejita, las quiebras de RT Inversiones y Edgar Bacchiani, una vuelta de tuerca más para esta historia que arrancó a principios de año y, como ya se adivinaba, se va a estirar por lo menos hasta que pasen las elecciones.
Las noticias de la quiebra, mientras tanto, cayeron en los ahorristas/inversores como una patada en el estómago o más abajo si son varones. Saben todos que es una mala noticia, casi un triunfo para los amos de las financieras, los bitcoins y los intereses mágicos.
Ahora les rematarán cotillón y repartirán lo que encuentren desde la justicia. Negocio redondo si, como la mayoría piensa, los cerebros que manejaban millones de dólares supieron bancarse los escándalos sin abrir la boca.
“No cobramos más”, decía un damnificado que se huele lo peor. “Bacchiani es un genio, va a esperar nomás, no va a soltar un peso. Algún día lo van a tener que soltar y ese día se la lleva toda”… ¿será?
Hay varias causas abiertas, varias imputaciones, varios jueces, fiscales y decenas de abogados dando vueltas. Pero la plata no aparece. Nunca apareció. ¿Nunca va a aparecer?
Los remates que se anuncian son casi un chiste. Lo que se puede recuperar por esa vía son las migas de la torta. La torta desapareció.
Encima ahora quieren avanzar con los que depositaban en las financieras, porque la Justicia sospecha del hecho de que haya tan pocas denuncias. ¿Y a quién van a investigar? Si fuera de los ricachones y funcionarios de los tres poderes que estaban prendidos, la mayoría mandaba la plata por poceros.
La cadena de silencio que se armó es fabulosa. Acá todo se trata de aguantar y dejar que las causas avancen… porque no saben dónde avanzar. Todo es un laberinto donde los imputados están bien guardados y bien protegidos, y nadie encuentra nada concreto para castigarlos.
Pensaban que los iban a desmoralizar mandándolos a la cárcel. Pero no tuvieron drama. Ninguno salió llorando a repartir plata para que lo dejen salir. Más los presionan, más esperan. Cada día están más confiados y dicen que ni siquiera le temen a una condena. No mataron a nadie, no secuestraron a nadie. Las penas, si algún día llegan, serán mínimas. Llevan meses bajo la lupa y no les probaron nada.
Están ganando. El dinero virtual es su mejor arma. Los billetes y los bolsos que recibieron ya no existen. Ahora ellos tienen la sartén por el mango, y los que empiezan a transpirar son los jueces… y los que sueñan con cobrar.





