La caída del caudillo

En cuestión de horas, Elpidio Guaraz, exintendente de Bañado de Ovanta, estará en una celda de la cárcel de Miraflores, para cumplir una pena de nueve años de prisión por abusar sexualmente de una mujer y privarla de su libertad, entre otras aberraciones.
A sus 67 años, Elpidio cae al escalón más bajo de su vida, que lo tuvo como un hombre poderoso y prepotente, un caudillo, verdadero patrón de estancia.

No es un caso inédito: también Enrique Aybar, exintendente de Corral Quemado, fue condenado por abusar de una menor.

Pero Guaraz no es Aybar. Guaraz fue un peso pesado de la política catamarqueña. Sin proyección, pero amo total en su región.

Guaraz estuvo más de 30 años en el poder. Se codeó con gobernadores y presidentes. Pasó por el Frente Cívico y Social, por el barrionuevismo, por el corpacismo. Insultaba a quien quería, se peleaba con cualquiera, cerraba el Concejo Deliberante, cobraba peajes en rutas nacionales. Hacía lo que quería.

Lo cierto es que Guaraz no necesitaba ningún padrino, por eso todos los jefes de Estado que pasaron por Catamarca en estos 30 años no le pusieron freno. Al contrario, lo buscaban porque lo necesitaban. Guaraz era el dueño de los votos, de la intendencia, de todo.

Los cambios de gobierno no le hacían ni cosquillas. Le apuntaron un par de veces. Los medios, la justicia, el Tribunal de Cuentas, pero no se le movía un pelo. Era un cacique que elección tras elección renovaba sus credenciales.

Pero su suerte cambió. Y cuando cambió, nadie le tendió una mano. Nadie lo ayudó, nadie se jugó por él ni lo defendió. La gorda agenda de teléfonos no le sirvió de nada.
Cayó en desgracia cuando una joven lo denunció por abuso en 2021. Todavía era intendente… “siempre” fue intendente. Después de algún paso como concejal, se adueñó del municipio. Lo habían denunciado mil veces, por abuso de autoridad, intimidación, incumplimiento de deberes de funcionario, malversación de fondos públicos. Cuando comenzaron a hacerse públicas las acusaciones más graves, él pensó que sería como siempre, que no iba a pasar nada.

Después se le hizo todo cuesta arriba. Gobernó ininterrumpidamente Bañado de Ovanta entre 2007 y 2023, hasta que perdió el municipio, el respaldo, la protección. Y ahora la libertad.

Estiró el proceso todo lo que pudo, pero cinco años después de la denuncia, su condena quedó firme.

En la cárcel, se preguntará seguramente en qué momento lo pasaron por encima, justo a él que se llevaba todo por delante.

Podrá escuchar La cumparsita, cuando dice

“Los amigos ya no vienen
Ni siquiera a visitarme
Nadie quiere consolarme
En mi aflicción”

En fin, dicen que se cosecha lo que se siembra.