La condena al intendente de Puerta de Corral Quemado (Belén), Enrique Aybar, después de siete años de esquivar la justicia, deja a los catamarqueños ante una realidad indignante, vergonzante y repudiable: tenemos como intendente a un violador de menores.
Los vericuetos legales dicen que puede seguir ejerciendo el cargo hasta que la condena quede firme, lo que le permite a este sujeto administrar un Estado municipal, tomar decisiones, dirigir empleados y otras yerbas, porque se considera que no hay riesgo de que se escape.
Claramente, este violador lo festeja. Por eso salió a las risas y saludando de la sala de la Cámara Penal que lo halló culpable.
Quien no se debe reir es la jovencita que a sus 15 años viajó con este sujeto creyendo que la iba a ayudar, y terminó sufriendo un abuso que le ocasionó terribles daños.
El autor de ese hecho repugnante y violento, tendría que estar preso hace rato. Pero no lo está, porque fue siempre protegido por intereses políticos, de quienes lo cuidaron para que siguiera en su cargo, de quienes le dieron dinero y apoyo para que se lanzara a otra campaña por la reelección, de quienes se quedaron calladitos pensando que era más importante mantener una intendencia para su partido que proteger a una menor abusada sexualmente.
Es la despreciable realidad que vivimos. Que se hagan cargo todos los que participaron en ese proceso, mirando para otro lado, encubriendo y disimulando.
Si mañana usted va a la intendencia de Puerta de Corral Quemado, lo va a recibir un violador. Lleva años gozando de impunidad y sigue gozando. Es uno de los tantos intocables de Catamarca.
Sólo se irá este sentimiento de impotencia cuando pague lo que hizo en una celda. Diríamos que ya debería ser destituido, pero lo cierto, lo que todos sabemos, es que nunca tendría que haber sido ni siquiera candidato.
La Visión del Catucho





