Catamarca es como una exótica isla del Caribe. Y no hablamos de sus atractivos naturales, que los tiene y muchísimos, si no de lo caro, casi prohibitivo, y difícil que es para el turista llegar. Mientras se lanzan impactantes campañas de marketing invitando a descubrir la Puna, el Campo de Piedra Pómez, las termas o nuestras iglesias de adobe, la casi nula conectividad aérea y los costos de los vuelos ponen una enorme barrera para la llegada de los visitantes.
Volar a Catamarca de paseo y en fechas turísticas es un lujo. Como ejemplo, para este finde largo de carnaval, un ticket aéreo ida y vuelta desde Buenos Aires cuesta alrededor de 700 mil pesos. Mientras tanto, un vuelo a otros destinos como Salta, Mendoza o Bariloche puede conseguirse por menos de la mitad con promos y en aerolíneas low-cost.
En Catamarca es famosa por sus cuestas, pero la de los precios de los aviones deja a todos sin aire. No es una sensación: los datos muestran que un tramo entre CABA y San Fernando del Valle puede costar el doble o el triple que uno a Tucumán o Salta, donde los precios se abaratan por la competencia entre operadores.
Catamarca, en cambio, depende exclusivamente de Aerolíneas Argentinas, que opera entre 6 y 13 vuelos semanales según la época del año. Ni mencionar que la única conexión aérea es con el Aeroparque Jorge Newbery, estando totalmente desvinculada de otras provincias y destinos turísticos. Otro obstáculo para la integración y consolidación en el circuito nacional.
Paradójicamente, los vuelos entre Catamarca y CABA suelen estar totalmente vendidos, siendo difícil en algunas ocasiones conseguir un ticket, lo que podría hacer pensar que una mayor frecuencia de vuelos sería fácilmente absorbida por la demanda. Sin embargo, en este análisis falta un dato que lo explica todo: el aeropuerto Felipe Varela parece más una terminal exclusiva para el sector minero y funcionarios del Gobierno que una puerta de entrada al turismo masivo.
Las empresas, con presupuestos megamillonarios y los funcionarios, que no ponen la plata de su bolsillo, no escatiman en gastos ni dejan de viajar aunque el boleto cueste 264% más que a Tucumán. Pero los turistas deciden por “costo de oportunidad”. Si el ticket a Catamarca cuesta el doble que a Bariloche, el 90% de los viajeros elige el destino más barato aunque ya lo conozca. Y en Catamarca, la “cuesta” más difícil de subir es la de los pasajes
Como resultado, el turista “ahorrativo”, ese que necesitamos que venga y gaste en nuestra hotelería, gastronomía y oferta cultural, termina eligiendo otros destinos. Estamos siendo los mejores promotores turísticos de nuestros vecinos por pura falta de competitividad aérea.
Las estadísticas lo confirman. Ante los precios prohibitivos del avión, muchos optan por la ruta. Según datos del Observatorio de Turismo Municipal de la Capital apenas el 9% de los visitantes llegaron en avión. Mientras que el 67% llegó en vehículo propio y el 16% en ómnibus.
Pero aquí aparece otro escollo: Catamarca está a 1.155 kilómetros de Buenos Aires. En auto propio, son unas 11 horas de viaje continuo. Unas 16 horas de micro para los que no tienen vehículo. Más los riesgos de viajar por las estrechas rutas argentinas en épocas de alto tránsito turístico. En un mundo donde el tiempo es oro, pedirle a un turista que pierda dos días de sus vacaciones solo en viaje es, cuanto menos, optimista.
Ni que hablar que todas estas consideraciones son sobre la llegada a la Capital, desde donde todavía faltan entre 350 y 550 km para llegar a los destinos más promocionados por el Gobierno que son, a su vez, los que instalaron a Catamarca en la consideración del turista nacional.
El marketing no hace milagros. Podemos tener los paisajes más instagrameables del país (y los tenemos), pero el turismo no vive solo de fotos lindas. Vive de logística. Si un vuelo a Bariloche o a Iguazú sale con “promo” y el de Catamarca figura con precios de “vuelo internacional”, la batalla está perdida antes de empezar.
Los estudios internacionales sobre turismo son contundentes: la conectividad aérea no es un lujo, sino un factor determinante para el desarrollo turístico de cualquier región. Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), los destinos con buena conectividad aérea registran un aumento del 10% en el turismo internacional en comparación con aquellos con conexiones limitadas.
Para que el turismo en Catamarca sea una política de Estado y no solo un eslogan, la conectividad aérea debe dejar de ser un privilegio de pocos. Necesitamos cielos abiertos y a precios terrenales. Si queremos que el mundo nos visite, primero tenemos que hacer que llegar no sea un castigo para el bolsillo.





