El espejismo del RIGI

La promesa del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) llegó a Catamarca envuelta en un relato de prosperidad y desarrollo. Sin embargo, el tiempo y los datos duros terminan por desnudar una realidad incómoda: la provincia cedió soberanía económica sin recibir nuevos capitales productivos.

Las declaraciones de Marcelo Murúa, exministro de Minería provincial y actual director de YMAD, ponen en evidencia el fracaso de este esquema centralista.

“Todos los proyectos que adhirieron al RIGI en Catamarca ya venían de antes. Sólo cambió que ahora el Estado recauda menos”, sentenció el funcionario, demoliendo el discurso oficialista que presentaba al régimen como un imán milagroso para captar inversiones extranjeras directas que de otro modo no llegarían.

La trampa radica en que iniciativas mineras consolidadas en suelo local, con planes de ejecución preexistentes, mutaron de marco legal únicamente para usufructuar escandalosas exenciones impositivas, cambiarias y aduaneras.

De este modo, Catamarca no ganó un solo puesto de trabajo extra ni sumó nuevas obras de infraestructura genuinas; lo único que se transformó fue la capacidad fiscal del Estado, que ahora observa cómo las corporaciones maximizan sus ganancias mientras la recaudación local y nacional se desmorona.

El RIGI actúa así como un subsidio a proyectos ya viables, licuando el aporte tributario que debió financiar el desarrollo.

A esta sangría fiscal se añade una asimetría letal para la industria local.

Mientras que la legislación de Catamarca exige históricamente un piso del70 por ciento de contratación de mano de obra y proveedores locales, el RIGI impone un techo del 20 por ciento que además carece de penalidades efectivas.

Esta desregulación desampara a las empresas medianas y pequeñas de la provincia, incapaces de competir con la libre importación de bienes de capital usados y servicios extranjeros que el marco nacional fomenta.

El derrame económico prometido hacia las comunidades resulta inexistente.

Como bien advirtió Murúa en sus diagnósticos sectoriales, el RIGI fue diseñado bajo la lógica del “riesgo cero” para proyectos con reservas ya probadas, omitiendo deliberadamente la exploración minera.

Sin incentivos para explorar hoy, la provincia hipoteca la sostenibilidad de su matriz productiva para el futuro.

Al resignar recaudación, autonomía en el control comunitario y prioridad para el trabajo catamarqueño, la provincia no se insertó en el mundo; simplemente aceptó un modelo extractivista periférico.

Al final del día, Catamarca aportará la riqueza de sus suelos y el agua de sus cuencas, quedándose únicamente con los pasivos ambientales y las arcas vaciadas, confirmando que en este reparto nacional la provincia perdió.