El gobierno de Ecuador ordenó la expulsión del embajador cubano en Quito, Basilio Gutiérrez, a quien declaró persona non grata y le otorgó un plazo de 48 horas para abandonar el país junto con toda su misión diplomática.
La decisión fue comunicada oficialmente por la Cancillería ecuatoriana, que evitó dar precisiones sobre los motivos de la medida. En un breve comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores se limitó a invocar el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que habilita a un Estado receptor a retirar el beneplácito a un diplomático sin necesidad de fundamentar la decisión.
El episodio se produjo en paralelo a otra medida de fuerte impacto político: el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, firmó un decreto mediante el cual dio por finalizadas las funciones del embajador ecuatoriano en La Habana, José María Borja, también sin ofrecer explicaciones públicas.
El giro diplomático ocurre en un contexto regional atravesado por una creciente tensión entre Cuba y Estados Unidos. Noboa mantiene una relación cercana con la administración de Donald Trump, que en las últimas semanas endureció el bloqueo económico contra la isla. El conflicto se profundizó tras la captura de Nicolás Maduro durante un operativo militar estadounidense en Venezuela, el pasado 3 de enero.
Tras esa acción, Washington intensificó las restricciones a la venta de petróleo a Cuba, a la que Trump volvió a calificar como una “nación fallida”. En ese escenario, Ecuador se consolidó como uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región, especialmente en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.
Por ahora, el gobierno ecuatoriano mantiene el hermetismo sobre las razones de fondo de la expulsión del diplomático cubano, una decisión que suma tensión a un tablero regional ya marcado por fuertes alineamientos políticos y estratégicos.





