Mientras la mayoría usa la IA para divertirse haciendo autoretratos caricaturescos o consultandole que cocinar con lo que tiene en la heladera, en el mundo se libera una verdadera guerra fría tecnológica. EEUU y China pujan por imponerse como líderes mundiales de la nueva era. Pero en esa lucha hay un cuello de botella: las tierras raras y los minerales estratégicos. Recursos imprescindibles, que ponen a las superpotencias a tironearse las reservas mundiales y condicionar a los gobiernos locales para asegurarse su control.
En ese contexto, Catamarca se encuentra en una zona caliente, sobre la que la administración Trump, con la venia del gobierno nacional, se reserva cada vez más derechos. Así lo certifica la firma entre Argentina y EEUU de un convenio marco “para garantizar la seguridad y resiliencia de las cadenas de suministro de minerales críticos”.
Si en el siglo XX la disputa de las potencias por los recursos se enfocaba en los pozos petroleros, en 2026 la batalla se libra por los minerales estratégicos. El litio, el cobalto, el galio y las tierras raras se han convertido en recursos esenciales para fabricar desde la batería de un coche eléctrico hasta el sistema de guía de un misil hipersónico. Y China saca una enorme ventaja.
El gigante asiatico, actualmente controla el 90% de la capacidad de procesamiento de tierras raras y ha comenzado a utilizar ese monopolio como arma geopolítica, imponiendo requisitos de licencia y restringiendo exportaciones para presionar a la industria estadounidense. Por eso el gobierno norteamericano va a fondo con estrategias geopolíticas para revertir esa desventaja y asegurarse el control de las reservas. Y encontró en Milei un socio dócil.
Con la firma del acuerdo, el Presidente ha decidido alinear sus recursos incondicionalmente con los intereses de Washington, poniéndose implícitamente al servicio de la cadena de suministro estadounidense. Un compromiso que EEUU se va a asegurar de hacer cumplir.
Argentina es el quinto productor mundial de litio. Actualmente, más del 70% del litio producido en el país viaja a China, un flujo que EEUU está decidido a cortar y redirigir hacia sus propias fábricas. Para la Casa Blanca, Argentina es la pieza clave para asestar un golpe a Beijing.
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones es clave en este entramado, siendo el anzuelo y facilitador de la llegada de inversiones norteamericanas al suelo argentino. Y ya muestra resultados en movimiento como los acercamientos entre Glencore y el consorcio Orion (respaldado por EEUU) para la adquisición de activos, dejando clara la disposición de los capitales occidentales para efectivizar la toma de posiciones en el terreno.
Haciendo esta crónica desde Catamarca, es lógica la preocupación por el impacto que estos acuerdos binacionales tendrán en la provincia y el interrogante de cuánto afectarán el derecho de decidir sobre sus recursos naturales. No es asunto menor saber que Estados Unidos avanza implacable sobre los recursos para desarrollar su estrategia y que Nación firmó compromisos casi de exclusividad.
“Los Participantes se comprometen a identificar conjuntamente proyectos prioritarios y facilitar su financiamiento en un plazo de seis meses, creando una asociación sostenible de largo plazo basada en precios justos de mercado”, dicen desde la embajada de Estados Unidos. Con este trasfondo, será importante ver la estrategia de gestión de la política minera provincial, cómo administra el Gobierno la explotación de estos recursos y cuánto provecho logra sacar de ellos. Un escenario que puede reportar enormes beneficios pero, a su vez, pesados compromisos.
Hasta hace unos meses, todo esto eran conversaciones preliminares y análisis de escenarios posibles. Hoy es una realidad formal y determinante como un acuerdo entre gobiernos en la que, es muy probable, que Catamarca tenga que responder por compromisos ajenos.
“Argentina va a ser un socio clave”, anuncian desde el gobierno de Trump, mientras le dan un abrazo casi asfixiante. Los términos del acuerdo parecen amistosos. Su cumplimiento, imperativo. Y Catamarca, arrinconada, queda en el medio.





