Destruyendo la democracia

El principio fundamental de la democracia y el sistema republicano es la división de poderes, porque si esto no se cumple se puede caer en una suerte de dictadura electa.

La separación de poderes o división de poderes es un principio político en algunas formas de gobierno, en el cual los poderes legislativo, ejecutivo y judicial del Estado son ejercidos por órganos de gobierno distintos, autónomos e independientes entre sí. Esta es la cualidad fundamental que caracteriza a la democracia representativa.12

Ya lo advertía el ilustre filósofo y jurista francés Montesquieu: “todo hombre que tiene poder se inclina por abusar del mismo; va hasta que encuentra límites. Para que no se pueda abusar de este hace falta que por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder”.

De este modo, se confía la vigilancia de los tres poderes entre ellos mismos ya que cada uno vigila, controla y detiene los excesos de los otros para impedir, por propia ambición, que alguno de ellos predomine sobre los demás.

Esta doctrina no se refiere solamente a la separación y al equilibrio de los tres clásicos poderes del Estado, sino a la necesidad de dividir el poder político donde se encuentre, para garantizar la libertad política y evitar los abusos de poder, mediante la vigilancia y control recíproco de los poderes separados.

Que el poder detenga al poder, que un poder controle al otro poder.

Ahora, ¿cómo va a pasar eso en Catamarca si es el Ejecutivo el que arma todo a su gusto y medida?

Tres de los hombres que juraron como ministros de Raúl Jalil, ahora tienen la tarea de “controlarlo”: Hernán Martel pasó de ministro a juez de la Corte, Sebastián Véliz pasó de ministro de Hacienda al Tribunal de Cuentas, para controlar lo que hizo él mismo como ministro de Hacienda, y ahora el ministro de Gobierno, Jorge Moreno, también pasa al Tribunal de Cuentas.

¿Quién va a controlar entonces al Ejecutivo? ¿Los propios funcionarios que el gobernador había designado como colaboradores directos de primera línea?

¿Qué diferencia hay con un sistema totalitario, si además pone a su esposa en el Congreso de la Nación y a su hermano a manejar el multimillonario negocio de la minería?

¿Qué clase de mala parodia de la democracia estamos viviendo en Catamarca?

¿Quién en el Tribunal de Cuentas va a observar algo al Gobierno si el órgano de control se arma con exministros del mismo gobierno? ¿Quién va a hacer un planteo judicial si en la Corte hay otro exministro del Gobierno?

Esto es muy grave, pero parece que ya todos están anestesiados y nadie dice nada.

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