“Como bola sin manija”

“Como bola sin manija”, decían los mayores (parafraseando al Martin Fierro) para aludir metafóricamente a alguien, o algo, que anda de acá para allá sin hacer nada efectivo. Así, tal cual, como anda la educación en la provincia. Con marchas y contramarcha, de un lado para el otro, sin rumbo ni proyecto. Sino, vea a las escuelas técnicas. Los sacaron a dar un paseo para terminar, un año después, devolviendolas al ámbito del Ministerio de Educación. 

En medio de una enorme polémica, y persiguiendo un capricho más que un proyecto, las escuelas técnicas terminaron en el ámbito del Ministerio de Ciencia e Innovación tecnológica. Siguiendo una lógica sobresimplificada de “papas con papas y manzanas con manzanas”, a alguien se le ocurrió que las escuelas industriales quedaban mejor en la cartera tecnológica, creada con promesas de ser la nave insignia de la innovación y la evolución tecnológica de la provincia.

Con un engorroso e ineficaz despliegue administrativo de por medio, el gran proyecto se concretó a principios del año pasado. Y al inicio del ciclo lectivo 2020, que luego terminó alterado por el Covid-19, la ministra de Ciencia e Innovación Tecnológica ya dirigía los destinos de las 26 escuelas industriales provinciales. “Éste es el momento de crear, este es el momento de aprender. El futuro no está muy lejos, es ahora” arengaba la ministra con una perorata cursi y fantasiosa. 

Será que no creó mucho, o que el futuro se les escurrió entre los dedos. Pero un año después de semejante movida, “el ministerio creado para poner a disposición todas las herramientas innovadoras que promuevan no sólo inserción laboral, sino la capacidad de crear nuevos oficios” perdió las escuelas industriales.

Cuesta creer que detrás de esas idas y vueltas inauditas haya algún tipo de planificación o proyecto. Más bien, son señales que apuntan a una improvisación espasmódica y sin ningún tipo de evaluación. 

Es difícil calcular el costo económico, de trabajo y de tiempo de esos movimientos absurdos, con las mil y una implicancias administrativas y organizativas. Pero, lógicamente no son gratuitas, en ningún sentido. Y cada movimiento errante implica un uso ineficiente de recursos. Ir y volver, desarmar y armar, para terminar en el mismo lugar. 

Qué decir del impacto en la calidad educativa de esas instituciones. Otrora semillero de excelencia de técnicos, espacio para una sólida formación de los que aspiran a carreras técnicas, tecnológicas, las escuelas técnicas terminaron en dos absurdas mudanzas. Sin mayores explicaciones.

Es entrar en el plano de la historia contrafáctica, pero suerte similar habrían corrido los IES, que se salvaron de un idéntico traslado por la resistencia de los docentes y los gremios, que lograron frenar el flete antes que se llevaran los muebles. Estaba todo listo, hablado y decidido, con la Ministra esperando con los brazos abiertos una pieza más para su colección. Aunque no tuviera ni idea qué hacer con la educación superior. 

Como Maria La Paz, la educación parece caminar sin rumbo, avanzando y retrocediendo infructuosamente. “Tanto correr pa’ llegar a ningún lado” dice la chacarera y parece cantarle al Gobierno, con sus aventuras reformistas. Como bola sin manija, las escuelas técnicas volvieron a Educación. 

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