
La tensión internacional volvió a escalar este sábado luego de que Rusia confirmara un tercer ataque contra la central nuclear de Bushehr, en el sur de Irán, en el marco del conflicto que enfrenta a Teherán con Estados Unidos e Israel. Según reportes oficiales difundidos por medios internacionales, se trata del tercer episodio de este tipo en menos de diez días, lo que encendió nuevas alertas por el riesgo que representa cualquier acción militar sobre una instalación nuclear en funcionamiento.
De acuerdo con la información difundida por la agencia EFE y replicada por distintos medios, Moscú confirmó las versiones iraníes sobre un nuevo bombardeo contra la planta de Bushehr. Las primeras evaluaciones indicaron que el proyectil no provocó víctimas ni daños materiales o técnicos en el reactor, aunque el episodio fue calificado como de extrema gravedad por el potencial impacto que podría tener una agresión directa sobre la central.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) fue notificado por Irán sobre el nuevo ataque y, según lo informado, no se registraron daños en el reactor en funcionamiento ni fugas de radiación. Sin embargo, el director general del organismo, Rafael Grossi, volvió a manifestar su preocupación por la actividad militar en las inmediaciones de la planta y advirtió que un eventual impacto sobre áreas sensibles podría derivar en un “grave incidente radiológico”.
La central de Bushehr es la única planta nuclear operativa de Irán y reviste especial sensibilidad geopolítica por su vínculo con Rusia, que participó en su construcción y mantiene personal técnico en el lugar a través de la corporación estatal Rosatom. De hecho, en los últimos días Moscú ya había comenzado a evacuar parte de sus especialistas ante el deterioro de las condiciones de seguridad: Reuters informó el 25 de marzo que 163 trabajadores adicionales fueron retirados y que aún permanecían unos 300 empleados en la instalación.
No es la primera vez que Rusia expresa su alarma por lo ocurrido en Bushehr. Días atrás, el Kremlin había calificado como “extremadamente peligrosos” los ataques cerca de la planta y advirtió sobre consecuencias “irreparables” si la ofensiva alcanzaba sectores críticos. En paralelo, Rosatom también redujo al mínimo su presencia en el lugar tras confirmar un impacto previo en las inmediaciones de una unidad operativa, aunque en ese momento tampoco se reportaron heridos ni daños estructurales.




