La guerra en Medio Oriente ya golpea el bolsillo de los argentinos

La escalada del conflicto en Medio Oriente ya empezó a tener consecuencias concretas en la economía argentina y su impacto se siente cada vez más en el bolsillo de los consumidores. La suba internacional del petróleo, sumada al encarecimiento de insumos estratégicos y mayores tensiones en los mercados, comenzó a reflejarse en combustibles, transporte, alimentos y en una renovada presión sobre la inflación.

Uno de los primeros efectos visibles se registró en los surtidores. En las últimas semanas, el precio de los combustibles acumuló aumentos importantes, impulsados por el encarecimiento del crudo a nivel global. Distintos relevamientos privados y medios económicos señalaron que la nafta y el gasoil ya mostraron subas de entre el 7% y el 10% en marzo, en medio de un escenario de fuerte volatilidad internacional.

El principal detonante fue el salto del barril de Brent, referencia para el mercado argentino. En medio del recrudecimiento de la guerra, el crudo llegó a superar los 110 dólares y tocó picos cercanos a los 119 dólares intradiarios, antes de retroceder parcialmente. Reuters informó que el Brent cerró esta semana en 112,19 dólares, su valor de liquidación más alto desde julio de 2022, en un contexto marcado por interrupciones de suministro y tensión en torno al Estrecho de Ormuz, por donde pasa una parte clave del comercio mundial de energía.

Ese movimiento no solo repercute en el precio de la nafta. El encarecimiento del petróleo y del gas también eleva los costos logísticos, presiona sobre el transporte de mercaderías y termina trasladándose a productos de consumo masivo. Además, el aumento de fertilizantes y otros insumos importados genera preocupación en sectores vinculados a la producción de alimentos, por lo que el impacto puede extenderse más allá de la energía.

En paralelo, el frente financiero también muestra señales de tensión. La suba del riesgo país por encima de los 600 puntos y la mayor cautela de los inversores forman parte del efecto contagio que la crisis internacional genera sobre las economías emergentes, incluida la Argentina. Ese escenario complica el acceso al financiamiento externo y agrega incertidumbre sobre el rumbo económico local en un momento en que el Gobierno busca sostener la desaceleración inflacionaria.

Especialistas remarcan que, si bien la Argentina puede obtener un beneficio parcial por mayores ingresos de exportación de petróleo y energía, el efecto inmediato sobre la vida cotidiana es el aumento de precios internos. En otras palabras, el país podría recibir más dólares por Vaca Muerta y las ventas energéticas, pero al mismo tiempo los consumidores enfrentan un encarecimiento de combustibles y una presión adicional sobre la inflación del mes.

Con este panorama, el conflicto en Medio Oriente dejó de ser un fenómeno lejano para transformarse en un factor que ya condiciona la economía doméstica. Si la tensión bélica persiste y el petróleo se mantiene en niveles elevados, el impacto podría profundizarse en abril con nuevas subas en combustibles, más costos en transporte y un traslado mayor a los precios de alimentos y servicios.