Hace unos días se cumplieron 15 años desde que el peronismo recuperó el gobierno en Catamarca, después de 20 años de espera y dominio radical, bajo la coraza de una supuesta alianza en la que poco a poco fueron desapareciendo todos los socios.
El Frente Cívico y Social, producto del controvertido Caso Morales, cambió el mapa político y el radicalismo le sacó el jugo hasta la última gota, con la fórmula que no suele fallar: pegarse a Casa Rosada.
Con protección política y mediática, los radicales siguieron las recetas de Carlos Menem y ganaron elección tras elección sin despeinarse, mientras un dinamitado PJ sufría el clásico éxodo de los que siempre quieren estar de la vereda del sol.
Así fueron pasando los años hasta completar dos décadas de gobiernos radicales, racha que se cortó cuando Eduardo Brizuela del Moral cometió el peor de los pecados: pelearse con Casa Rosada.
Así, pasó de Radical K a enemigo del kirchnerismo que le había puesto a su acompañante de fórmula en 2007, y lo limpiaron rápidamente: en 2011, Lucía Corpacci tomó el poder y el Frente Cívico y Social desapareció para siempre.
La historia se dio vuelta desde entonces. Fue el radicalismo el que comenzó a desangrarse y perder terreno, mientras el peronismo se afianzó y siguió ganando elecciones, primero con Corpacci y después con Raúl Jalil.
La UCR se esfumó del escenario, empujada por su breve y desastroso matrimonio por conveniencia con Macri, y entonces apareció un nuevo actor: Javier Milei.
El fenómeno libertario copó todo en tiempo record. De no existir pasó a meter concejales y diputados en un santiamén, y por primera vez el peronismo encontró un rival serio con vistas al 2027.
En la encrucijada, Jalil hizo lo que mandan el manual y la experiencia: aliarse a Casa Rosada.
Pero ahora quedó entre la espada y la pared, porque con su amistad con Milei pierde votos peronistas, y enfrentando a Milei queda huérfano de recursos nacionales.
Así, el peronismo se acerca a su desafío más difícil desde 2011, justo cuando busca igualar la marca de dos décadas dirigiendo la provincia.
Hoy está débil, porque lleva varios años de malos gobiernos, y porque repitió los vicios del Frente Cívico empachado de poder: lejos de la gente, con privilegios para funcionarios ricos y el pueblo sometido y sufriendo, y convencido de que alcanza con esconder los problemas para resolverlos.
Jalil se armó la suma del poder absoluto: económico, legislativo, judicial, político. A golpes de billetera controla y domina todo. Es el hombre fuerte de Catamarca. Pero perdió los votos, y no tiene apoyo de nadie, solo gente que se le acerca por urgencia y necesidad.
Hay cierto temor de que busque un tercer mandato, pero al mismo tiempo hay un plan en marcha, para que Catamarca vuelva a ser peronista, porque está claro que este gobierno de mesas de negocios y guiños a los libertarios en el Congreso no tiene nada que ver con el peronismo.
Hay nombres que ya se están moviendo, y se viene una lucha feroz en el oficialismo. Nadie quiere hacer ruido para no cerrar los grifos jalilistas que todavía necesitan, pero el plan está en marcha.
Hoy el peronismo está en el poder pero no gobierna, gobierna Jalil. La idea es que el peronismo vuelva a gobernar. Las piezas ya se mueven, en Capital y en el interior. Es tiempo de definiciones, hagan sus apuestas.





