En el inicio de 2026, el precio de la carne vacuna en Argentina registró un incremento de alrededor de 73% en comparación con enero del año anterior, muy por encima de la inflación general, presionando sobre el bolsillo de los hogares y provocando cambios en los hábitos de consumo.
De acuerdo con el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo aparente de carne vacuna cayó 13% entre enero de 2025 y enero de 2026, llevando el promedio anual por habitante a 47,9 kilos anuales, uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas.
La contracción en la demanda se da en un contexto donde la oferta de hacienda también se redujo. En enero se faenaron 1,014 millones de cabezas, un 16,1% menos que en diciembre de 2025 y 11,8% menos que en enero de 2025, según el mismo informe sectorial. Esta menor actividad productiva limita el volumen de carne disponible para la venta interna.
¿Qué explican los aumentos?
Los precios minoristas reflejan una tendencia sostenida al alza en la mayoría de los cortes. En el Gran Buenos Aires, cortes populares como asado, cuadril, paleta y nalga mostraron aumentos interanuales por encima del promedio general, mientras que otros sustitutos como pollo y cerdo también se encarecieron, aunque en menor medida.
Especialistas y referentes del sector atribuyen estos aumentos a varios factores:
Menor oferta de ganado disponible para faena.
Factores climáticos adversos que afectaron parte del ciclo de producción.
Retención de animales por parte de productores para reproducción o exportación.
Impacto en el consumo y poder adquisitivo
El crecimiento de los precios se da en un contexto de poder adquisitivo reducido para los hogares, lo que obliga a muchas familias a replantear sus compras de alimentos. La caída del consumo en enero evidencia la capacidad de ajuste de los consumidores frente a precios que crecen más rápido que los ingresos, presionando las decisiones de compra en la canasta básica.





