Recorrer las calles de Valle Viejo se puso más peligroso que atravesar los campos minados de la Segunda Guerra Mundial. Los automovilistas van circulando sin saber en qué momento y lugar, de la nada, el asfalto puede colapsar debajo, dejándolos con el vehículo enterrado en un cráter.
Tan solo hoy, con apenas algunas horas de diferencia, un camión, una camioneta y un auto fueron tragados por los socavones espontáneos que, sin aviso ni clemencia, se abrieron al paso de los vehículos.
Parece una de esas películas de cine catástrofe donde la naturaleza despliega toda su furia contra los humanos, que viven la adrenalina de saber que la tierra está buscando tragarselos. Pero, la verdad es que acá la realidad supera la ficción. No es la falla de San Andrés avanzando hacia Valle Viejo.
No hay nada de sobrenatural, ni fantasioso. Es pura inutilidad. La inoperancia de la más vulgar. Son las consecuencias de una gestión tan paupérrima que lo único que hizo en materia de obras públicas, lo hizo mal. No solo despilfarrando recursos de los contribuyentes, sino arruinando sus vehículos y trastornando sus rutinas.
Tal es el estado de estrago de las calles en el municipio de la seño Centeno, que ya ni el transporte público está garantizado para los chacaeros. Hoy, la empresa GM ya comunicó oficialmente el cambio de recorrido de las líneas que circulan por allí, para evitar calles intransitables, donde pasar es una travesía digna de un Rally Dakar.
Si alguien se tomara el trabajo de hacer archivo y contar los casos de vehículos hundidos en las calles de Valle Viejo, el número sería tragicómico. Y seguramente hoy rompió su propio record. No hay pruebas, pero tampoco dudas. Una situación tan surrealista que agota las ganas de quejarse y da lugar al humor resignado. Algo así como “reírse para no llorar”.
Viendo que aspirar a tener calles medianamente transitables ya es una sueño imposible, al menos mientras continúe esta gestión, se pueden pensar “fuera de la caja” aportar algunas ideas no convencionales para los vecinos de la comuna.
Una podría ser volver a la tracción a sangre. Caballos, burros, carretas o diligencias (para el transporte de pasajeros) sería una buena alternativa. Algo asó como un regreso al pasado, a finales del 1800 cuando el tranvía tirado por mulas bien cumplía con el servicio de transporte de carga y pasajeros entre la Capital y Valle Viejo.
La otra sería esperar a que la inoperancia siga haciendo su trabajo hasta que se complete una red de túneles para circular bajo tierra. Si lo que colapsa son las obras de cloacas y asfaltado, está garantizado que en un tiempo más, prácticamente todas las calles del municipio, o al menos las principales, estarán surcadas por una zanja. Y si todo sigue en el mismo sentido, quién dice que los caños no colapsen y transformen esos surcos en canales navegables.
Al final, no es tan dramático. Solo se trata de ser positivo y tener un poco de imaginación. Así que la próxima vez que se entere de que un auto se enterró en una grieta, piense que Valle Viejo está transicionando hacia un nuevo modelo de transporte.





