Caída de la natalidad: algunas consideraciones

Materializando en una política de Gobierno lo que hace meses viene señalando, el gobernador Raúl Jalil creó la Comisión Provincial de Seguimiento y Coordinación Demográfica. Al mandatario le preocupa la caída de los índices de natalidad en Catamarca. Una inquietud compartida por muchos líderes políticos del país y el mundo. Justamente porque es una problemática global y para nada nueva. De hecho, numerosos países trabajan sobre la problemática, aportando, con sus experiencias, cuantiosos datos sobre causalidades y acciones para su reversión. Y que anticipan que el objetivo es de una enorme complejidad.

Lo primero que hay que señalar es que la caída en los indicadores demográficos y de crecimiento poblacional son indiscutibles y en cada vez más países. La tasa de fertilidad global ha descendido de aproximadamente 5 hijos por mujer en 1950 a 2.2 en 2021, con más de la mitad de los países por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2.1. Habiendo registros muy por debajo del valor para la estabilidad poblacional, como España, Italia, Japón, Hungría o China. Y con casos extremos como Corea del Sur, donde la tasa es de 0.72 hijos por mujer (la más baja del mundo).

En este contexto, la tasa de natalidad de Argentina ha disminuido casi 40% en la última década, alcanzando su nivel más bajo en más de 50 años en 2023, con 460,902 nacimientos registrados. El índice de fertilidad total cayó 35% entre 2014 y 2020, ubicándose actualmente alrededor de 1.5-1.88 hijos por mujer.

Catamarca no está exenta y sigue la tendencia global y nacional con registros preocupantes: 9,52 nacimientos por cada mil habitantes y una tasa de fertilidad de 1.42 por mujer, cifra similar a la de países europeos en crisis demográfica. Y se estima que, continuando en este ritmo, para 2044 este valor descenderá a 1,06, y los nacimientos cada 1000 habitantes estarán alrededor del 6,45%. Un escenario complejo.

La problematización de este fenómeno, contrario a lo que muchas personas piensan y lejos de lo otras intentan instalar, no tiene nada que ver con discusiones filosóficas, existenciales ni religiosas, y se circunscribe a cuestiones netamente económicas: reducción de la población económicamente activa, caída de la producción, caída del consumo, ralentización del crecimiento, mayor carga fiscal y crisis previsional por la baja de aportantes, mayor demanda de servicios de salud y menos recursos, colapso en las tareas de cuidado. De ahí la preocupación de los gobiernos.

Sobre las causas principales del descenso de la natalidad se puede señalar que hay una lista que trasciende la heterogeneidad cultural y los matices económicos, repitiendose en casi todos los países afectados por este fenómeno. Factores que emergen como un patrón aun en sociedades y economías con enormes disparidades.

Los principales son de corte económico y abarcan cuestiones como el coste de vivienda, de la crianza, la inestabilidad laboral y la inseguridad económica. Luego aparecen factores del tipo socioculturales, como el cambio en valores y prioridades, donde la realización personal, ya no depende exclusivamente de la maternidad/paternidad, siendo reemplazada por aspiraciones personales, como el viajar o el crecimiento patrimonial o profesional.

En una combinación de ambos, aparecen los factores laborales y de género. Aquí se identifican el crecimiento de la participación femenina en el mercado laboral, el aumento de su nivel educativo, su legítimo deseo de desarrollo profesional y aspectos de la maternidad que atentan contra estos, como la inequidad en las tareas domésticas y de cuidado o la penalización en el ámbito laboral, con menos oportunidades y salarios más bajos para las mujeres con hijos.

Más allá de las particularidades sociales, económicas o culturales de la Provincia, la casuística global de la problemática hace inferir que en Catamarca el menú de causales debería ser muy similar. Por lo tanto, también será muy enriquecedor para el trabajo encomendado a la comisión, repasar las políticas públicas y programas desplegados en otras latitudes y aprender de los resultantes.

De ese escaneo surge que una de las acciones más replicadas por los Gobiernos y de mayor fracaso es la del incentivo económico a la natalidad, que incluyen bonos por nacimiento, préstamos con condonación parcial o total según el número de hijos, exenciones impositivas, subsidios al consumo para familias con hijos. Acciones de comprobada ineficacia que no sólo no lograron revertir la caída en la natalidad sino que ni siquiera pudieron sostener estables los bajos índices de natalidad.

En la columna opuesta, entre las acciones de moderado éxito, que es a lo que se puede aspirar siendo realistas, se enumeran las políticas de viviendas, el fortalecimiento de la infraestructura de cuidado de la primera infancia y el fácil acceso, las políticas integrales enfocadas en facilitar la conciliación trabajo-familia, como la flexibilidad laboral, las licencias parentales compartidas obligatorias para padres y madres. Es decir, políticas integrales que contemplen las nuevas realidades sociales con sus aspiraciones y que permitan conciliarlas con la tarea de criar hijos.

A partir de esto, las inferencias y proyecciones para Catamarca permiten avizorar un escenario de gran complejidad. Para empezar, y como regla general, porque ningún país ha logrado volver al nivel de reemplazo una vez que su fertilidad cayó significativamente por debajo, incluso con inversiones masivas. Pero, las condiciones económicas, geográficas y demográficas de la Provincia, agudizan la problemática.

Entre estos se pueden señalar el tamaño y la fragilidad de la economía provincial, el alto desempleo, la baja densidad poblacional y su dispersión que dificulta la penetración de los servicios y el histórico saldo migratorio negativo. Lo que provoca una caída más acelerada que la media nacional: pasó de tener una natalidad 28% superior a la nacional en 1980, a igualarla en 2022 y con proyección a caer por debajo.

Otro factor que complejiza el escenario provincial es la inestabilidad política que dificulta el sostenimiento de políticas a largo plazo, una condición imprescindible para el éxito de cualquier programa de esta naturaleza que demandan décadas de trabajo y un horizonte de no menos de 15 años para empezar a generar algún impacto. Una paciencia y constancia que el sistema político provincial no suele tener.

El futuro es poco alentador y el objetivo de una enorme complejidad. Considerando las implicancias de quedarse con los brazos cruzados y dejar que esta tendencia continúe, trabajar para revertirlo será un enorme desafío social y político. Obligado a hacer equilibrio entre el pesimismo que paraliza y las expectativas realistas que permiten planificar con sensatez, el Gobierno dió el primer paso.

El Catucho