El Foro Económico Mundial de Davos comenzó este martes con declaraciones de alto voltaje político. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, lanzó un contundente diagnóstico sobre el escenario internacional y advirtió que el mundo atraviesa una ruptura profunda del orden global, marcada por una geopolítica cada vez más agresiva de las grandes potencias.
“Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno”, afirmó Carney al iniciar su exposición ante líderes políticos, empresarios y referentes económicos reunidos en Suiza.
Las palabras del mandatario canadiense resonaron con más fuerza al llegar apenas minutos después de una nueva provocación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien volvió a presionar públicamente por la adquisición de Groenlandia y se mostró con un mapa de América que incluía territorios ajenos como parte de EE.UU.
En ese contexto, Carney definió a Canadá como una “potencia media” y llamó a los países de similar peso internacional a actuar de manera coordinada. “Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú”, lanzó, en una de las frases más citadas de su discurso.
El primer ministro sostuvo que el sistema internacional basado en normas fue, en gran medida, una ficción funcional. “Sabíamos que los más fuertes se eximían de las reglas cuando les convenía y que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según quién fuera el acusado o la víctima”, señaló, aunque reconoció que la hegemonía estadounidense permitió durante décadas la provisión de bienes públicos globales como la estabilidad financiera, la seguridad colectiva y las rutas comerciales abiertas.
Sin embargo, fue categórico al afirmar que ese esquema ya no funciona. “No estamos en una transición, estamos en medio de una ruptura”, aseguró, y enumeró las crisis financiera, sanitaria, energética y geopolítica como señales del agotamiento de una globalización extrema.
Carney también apuntó contra el uso de la economía como herramienta de presión política: “Las grandes potencias comenzaron a usar la integración económica como arma: aranceles como palanca, infraestructura financiera como coerción y cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar”.
Ante este panorama, advirtió que los países medianos y pequeños están llegando a una conclusión inevitable: reforzar su autonomía estratégica en áreas clave como energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. “Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú”, subrayó.
Lejos de proponer un multilateralismo ingenuo, Carney llamó a construir coaliciones flexibles y eficaces, basadas en intereses comunes y acciones concretas. “En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto”, concluyó.





