Las oportunidades son desafíos

En los últimos meses, el panorama minero de Catamarca registró una notoria actividad que volvió a colocar a la Provincia en el centro del mapa extractivo argentino y regional. Una serie de hechos resultantes de la combinación de factores locales y globales – como acuerdos políticos, movimientos empresariales, maduración de proyectos, factores macroeconómicos y de los mercados internacionales- le dio a la actividad una dinámica renovada, con oportunidades concretas pero también con desafíos de enorme magnitud para el Gobierno y la sociedad catamarqueña.

La maduración de los proyectos de litio, muchos de los cuales están avanzados o ya produciendo desde hace algunos meses, marca un punto de inflexión. Después de varios años de progresar en las etapas previas, el litio ya empieza a ser para Catamarca una actividad que aporta a la economía reactivando a la minería como fuente de recursos propios para el Estado. Y el horizonte es promisorio; inicio de proyectos nuevos, pedidos de autorización para expansión y otros a punto de empezar a producir, inversión en tecnología hablan de una actividad consolidada y en crecimiento, de la mano del aumento de la demanda global del mineral.

A este escenario se suma el anuncio de la reactivación de Minera Alumbrera, que anunció su reactivación impulsada por un contexto de creciente demanda global y aumento del precio. Entre 2024 y 2025 tuvo un rally alcista que hace algunas jornadas continúa marcando precios máximos históricos en las bolsas internacionales. Mineral que vuelve a posicionarse como un recurso estratégico para la transición energética, la fabricación de vehículos eléctricos y la expansión de centros de datos. Este movimiento de la economía global vuelve a poner a Catamarca en un rol central y con un horizonte de crecimiento apalancado por el proyecto MARA.

En ese contexto, la posible fusión entre dos gigantes como Glencore y Rio Tinto agrega una variable de alto impacto. Ambas empresas, líderes globales de la actividad extractiva, operan en Catamarca y tienen proyección de incrementar su actividad. La primera con la explotación de Agua Rica y la segunda creciendo con sus proyectos Fenix y Sal de Vida. Un movimiento que, de concretarse, dejaría en sus manos una porción significativa de la explotación de cobre y litio en Catamarca, aumentando su poder económico y de negociación.

Otro hecho clave en este nuevo escenario fue el traspaso de la presidencia de YMAD (Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio) a la Provincia. Este cambio fortalece la capacidad operativa y de proyección del Gobierno catamarqueño, otorgándole mayor control sobre decisiones estratégicas y sobre la administración de recursos que históricamente estuvieron atravesados por tensiones políticas y disputas institucionales. Este nuevo escenario implica una gran responsabilidad de gestión para el Estado, que deberá estar a la altura del lugar que tanto reclamó y hoy ocupa.

Todo esto ocurre en un contexto geopolítico global marcado por la disputa entre potencias como Estados Unidos, China y Rusia por el control de minerales críticos. El litio y el cobre son hoy insumos centrales para baterías, vehículos eléctricos, armamento, tecnología y redes energéticas. Lo que convierte al territorio catamarqueño en un escenario clave de ese tablero global, donde cada decisión local tiene resonancia internacional.

La historia minera de la provincia obliga a la prudencia. El proyecto Alumbrera, iniciado en los años noventa, dejó importantes ingresos pero también un saldo de conflictos sociales, cuestionamientos ambientales y denuncias por malos manejos. La falta de transparencia, el desaprovechamiento de recursos y la incapacidad de construir consenso social marcaron una etapa que todavía pesa en la memoria colectiva de los catamarqueños.

Hoy el contexto es distinto y, en muchos aspectos, más favorable. La minería vuelve a ofrecer una ventana de desarrollo en una provincia con limitadas alternativas productivas. Sin embargo, el desafío es enorme: gestionar con inteligencia, aprender de los errores del pasado y equilibrar crecimiento económico, cuidado ambiental y legitimidad social.

El panorama es alentador, pero no automático. Las oportunidades que ofrece este nuevo ciclo minero solo se traducirán en desarrollo real si el Gobierno está a la altura de este nuevo momento histórico. Administrar con eficacia, negociar con firmeza y recordar que los recursos naturales tienen dueños legítimos —los catamarqueños— será la clave para que esta vez la minería deje más que promesas y se convierta en un verdadero motor económico. En el futuro hay enormes oportunidades que presentan enormes desafíos.

El Catucho