Irán lleva más de 36 horas sin acceso a internet, luego de que el régimen decidiera desconectar buena parte de las comunicaciones digitales en medio de un clima de protestas antigubernamentales que ya se prolongan por más de dos semanas.
Según grupos independientes de monitoreo como NetBlocks, el acceso a la red global está prácticamente cortado desde la tarde del jueves, reduciendo la conectividad total a niveles cercanos a cero en gran parte del país.
Las manifestaciones, que estallaron originalmente en Teherán y se han multiplicado en más de 110 ciudades y las 31 provincias, tienen su origen en el descontento por la crisis económica, la caída de la moneda y la inflación elevada. Estas protestas, inicialmente motivadas por cuestiones económicas, han ido evolucionando hacia reclamos más amplios de cambios políticos.
La medida de desconectar el acceso digital se interpreta como un intento del gobierno por reducir la coordinación entre manifestantes y limitar la visibilidad internacional de las movilizaciones y las respuestas de las fuerzas de seguridad. Además del corte de internet, la infraestructura de telefonía móvil y líneas fijas también ha resultado afectada, lo que limita aún más la capacidad de la población de comunicarse y compartir información.
Organizaciones defensoras de derechos humanos han señalado que esta restricción no solo impide la circulación de información, sino que también puede servir para ocultar violaciones de derechos humanos que estarían ocurriendo durante los operativos de represión. El acceso a internet, en este contexto, se considera un elemento clave para documentar los sucesos y coordinar medidas de seguridad entre los ciudadanos.
Mientras tanto, la presión popular no ha cesado. Líderes opositores desde el exilio, como Reza Pahlavi, han hecho llamados a una huelga general en sectores clave de la economía —incluidos petróleo, gas, transporte y energía— exhortando a los iraníes a continuar manifestándose a pesar del corte de comunicaciones.
La compleja situación se produce cuando el movimiento de protesta entra en su segunda semana de escalamiento, con informes —difíciles de verificar debido al apagón digital— que señalan enfrentamientos entre civiles y fuerzas de seguridad, detenciones masivas y decenas de muertos en varios puntos del país.





