Lanús y Atlético Mineiro definirán este sábado 22 de noviembre al nuevo campeón de la CONMEBOL Sudamericana en un duelo que enfrenta dos mundos completamente distintos. Mientras el Granate arriba con ilusión y constancia, el Galo lo hace cargado de presión, obligado a salvar un año deportivo y económico que se derrumbó sobre sus espaldas.
En Lanús reina el optimismo. Fiel a su identidad de club de barrio, el equipo construyó su camino a partir del orden y el trabajo colectivo. Terminó primero en su grupo, eliminó a Central Córdoba en octavos, superó a Fluminense en una serie exigente y dejó en el camino a la U de Chile para meterse en la final. Bajo la conducción de Mauricio Pellegrino, la fórmula se resume en solidez, disciplina y perfil bajo. Para el conjunto argentino, conquistar la Sudamericana sería una hazaña histórica y la demostración de que la coherencia puede imponerse ante rivales con mayor presupuesto.
El presente de Mineiro es el reverso absoluto. La temporada 2024 estuvo atravesada por conflicto dirigencial, protestas de hinchas y decisiones apuradas que dejaron al club sin rumbo. La apuesta fuerte fue la Copa Brasil, el torneo con mayor premio económico, pero la eliminación a manos de Cruzeiro en cuartos desarmó todo el plan: despidieron a Cuca, contrataron a Jorge Sampaoli de urgencia y quedaron sin resultados, sin recursos y con un panorama crítico.
Mientras competía en la Sudamericana, el Galo descuidó la Serie A y llegó incluso a caer en zona de descenso. Con Sampaoli logró cierta estabilidad, pero el balance del año sigue siendo pobre y costoso: incorporaciones que no funcionaron, un rendimiento irregular y un plantel que nunca encontró su mejor versión. Por eso, para Mineiro, ganar la Sudamericana no es una aspiración: es una necesidad. El título le permitiría asegurar su lugar en la Libertadores 2026, sumar hasta 55 millones de reales y frenar la crisis deportiva y financiera.
Así, con Lanús liviano y convencido, y un Mineiro que juega con la urgencia a cuestas, la final se encamina a un duelo intenso, sin margen para errores. Desde las 17 horas, será un choque de nervios, detalles y de una copa que no concede segundas oportunidades.





