Si hace un par de semanas abundaban las especulaciones, pronósticos y análisis anticipados sobre el armado de listas y sus implicancias a futuro, hoy el porvenir del oficialismo provincial parece clarificado. El gobernador Jalil tuvo consideraciones elogiosas sobre el intendente Saadi y sus cualidades de gobernante, dando sobradas señales de que el peronismo ya tiene hoja de ruta hasta el 2027.
Fue ante la requisitoria de un periodista que el mandatario explicitó su elevada valuación de las aptitudes de Saadi en proyección a una futura candidatura para la gobernación. La pregunta del cronista fue concretamente si el intendente capitalino será el próximo gobernador, a lo que Jalil respondió que Saadi está preparado y tiene la experiencia necesaria para gobernar.
Pero además, y tal vez sea lo medular, Jalil habló de la importancia de contar con el respaldo del espacio político y el apoyo de los referentes, dejando entrever que la futura candidatura del actual intendente tiene el consenso de todos los espacios y el compromiso de acompañamiento.
Como ya se planteó en otros escritos de este espacio editorial, el armado electoral para las legislativas de octubre sería un paso intermedio y necesario de la ingeniería a largo plazo, con las elecciones generales como objetivo último y más importante. Por lo que daría, una vez formalizado con la inscripción de candidatos, pistas claras de las proyecciones políticas. Y, probablemente marcaría el inicio de una transición política. Y así finalmente fue.
Las listas confirmaron un corrimiento del sadismo hacia el centro de la escena, con el corpaccimos secundando y el jalilismo cediendo espacios. Un movimiento previsible desde los pactos del 2023 pero que, como siempre ocurre en la política, están sujetos a confirmación y necesitan
En ese contexto, las declaraciones del gobernador parecen ser una segunda (y quizás inesperada) confirmación de que el plan del peronismo y sus aliados sigue apuntando a ese traspaso que muchos consideran natural. Lo que sorprende es lo anticipado del pronunciamiento, que hace pensar en una interfaz prolongada. Transición que, algunos señalan, ya empezó meses atrás.
Aunque, en un análisis superficial, puede parecer un síntoma de armonía y consenso, es un movimiento que no está exento de cuestionamientos y disidentes advirtiendo riesgos implícitos para la gestión actual y para la potencial estrategia electoral futura.
En el primer caso, surgen las advertencias del impacto que pueda tener en la gobernabilidad la transferencia tan anticipada de cuotas de poder, que podrían licuar o, peor aún, minar la autoridad del actual mandatario.
Por otro lado, también se cuestiona la conveniencia de anticipar tan explícitamente y con tanta anticipación la estrategia electoral, alegando una sobreexposición innecesaria del candidato y el sobrado tiempo que se da la oposición para tramar y ejecutar maniobras en su contra.
Como sea, trás las declaraciones del Gobernador, otros dirigentes se envalentonaron y exteriorizaron su adhesión a la figura de Saadi como el sucesor, dando lugar a un sutil operativo clamor que fluye orgánicamente. Faltan dos años. Todavía deberá pasar mucha agua debajo del puente. Pero el proceso está en marcha. Comenzó hace unos meses. Se confirmó con la unción.
El catucho