Cataluña: la independencia sigue pendiente

Puigdemont se presentó en el Parlamento a pedido suyo para analizar la situación política

Todo acabó en una confusa y ruidosa marcha atrás. “Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república”, dijo el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, veintidós minutos después de haber comenzado su comparecencia ante el Parlamento catalán.

Y luego, puso el freno de mano: “El Govern y yo mismo proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible arribar a una solución acordada”. La fuga de empresas y bancos anidaría tras este notable giro.

La postura de Puigdemont

Puigdemont, que lleva apenas un año y nueve meses como presidente de la Generalitat, condensó en un mismo acto esa declaración y suspensión de la independencia, enfureciendo a los partidos separatistas más radicales que llegaron a calificar el recule del presidente como “una traición inadmisible”. Así lo afirmó Arran, la rama juvenil de la CUP (Candidatura de Unidad Popular): “Millones de personas heridas, ¿para eso? No tenéis vergüenza”, dijeron.

Puigdemont se presentó en el Parlamento a pedido suyo para analizar la situación política luego del referéndum del 1 de octubre -que fue suspendido por el Tribunal Constitucional- en el que 90% de los votantes se pronunció a favor de la ruptura.

El pleno, previsto para las 18, se demoró una hora por una reunión de la mesa del Parlamento. Por los pasillos se decía que era tiempo que el presidente había pedido para ultimar detalles de su discurso. Se supo luego que el PP y Ciudadanos habían solicitado la suspensión del pleno. Antes de ingresar al recinto, Puigdemont se reunió con legisladores de los radicales JuntspelSí y la CUP, que hasta último momento presionaron para lograr una declaración unilateral y concreta de la independencia. No sucedió.

Ante todos los miembros del Parlamento catalán y seguido por unos mil periodistas de todo el mundo, Puigdemont advirtió: “No esperen ni amenazas ni chantajes. Todos asumimos la responsabilidad que nos corresponde y la necesidad imperiosa de destrabar la situación -dijo-. No somos unos delincuentes, no somos unos locos, no somos unos golpistas.

Somos gente normal que pide poder votar y que ha estado dispuesta a todo el diálogo que fuera necesario para hacerlo de forma acordada”, agregó. Con su declaración, el presidente dejó entrever que se inclina por replicar lo que Eslovenia hizo -declarar la independencia y dejarla en suspenso- hace 25 años.

Entre los parlamentarios que tuvieron la palabra en el recinto, el más agresivo fue el líder del PP catalán, Xavier García Albiol: “No va a haber ninguna república independiente. El estado de derecho no se lo va a permitir -levantó la voz-. No vamos a permitir ni una independencia en presente ni una independencia en diferido o por etapas, que lo tenga muy claro”. “España no es una ocurrencia ni un invento artificial, somos la nación más antigua de Europa y pueden tener la total seguridad, señores Puigdemont y Junqueras (vicepresidente catalán), que no lo van a cambiar”.

“Creemos que hoy tocaba proclamar solemnemente la república catalana y quizás hemos perdido una oportunidad -dijo la diputada Anna Gabriel de la CUP-. Nosotros nos mantenemos firmes en este objetivo. No queremos asumir la derrota. Queremos hacer efectivos los resultados del 1 de octubre. Hemos venido a hacer una república.” “Esto es una crónica de un golpe anunciado”, había dicho en el Parlamento catalán a su turno Inés Arrimadas, la portavoz de Cambiemos. Y se dirigió al presidente catalán: “Nadie en Europa apoya lo que usted acaba de hacer. Por lo tanto, todo el mundo ha visto que esto no iba de democracia sino de independencia. Que no iba de urnas sino de fronteras -dijo Arrimadas-. El nacionalismo es la antítesis del proyecto europeo. Está usted solo, señor Puigdemont”. Y aseguró: “No pienso permitir que le pidan el pasaporte (a su familia, que es de Andalucía) para venir a verme”.

“No se puede suspender una declaración que no se ha hecho”, dijo a su turno Miqel Iceta, del Partido Socialista de Cataluña (PSC).

A las diez de la noche, Carles Puigdemont, Carme Forcadell, Oriol Junqueras y los 72 diputados secesionistas firmaron una declaración por escrito “de la independencia” de Cataluña, un documento que no pasó por el recinto. “Acabamos de firmar la declaración de la independencia, sin ninguna suspensión, tal como lo hemos demandado nosotros”, aseguraron en la CUP. Pero ese papel no tiene más valor que el simbólico.

Luego de la firma, la CUP improvisó una conferencia de prensa en el Parlamento en la que afirmó: “La declaración que hemos firmado es la declaración de independencia. La haremos pública. No incluye ninguna cláusula de suspensión. La suspensión es política, no está incluida en el texto. Reclamamos a Puigdemont que establezca de forma pública un límite en las negociaciones, proponemos que sea de un mes, pero estamos abiertos a escuchar. Lo que no podemos es darle un tiempo ilimitado, no se puede eternizar en los meses y dejar colgado el proceso independentista”.

La CUP tiene diez legisladores y si rompen la alianza el gobierno caería. Eso también volaba ayer en el aire difícil del legislativo con más que rumores sobre una eventual ruptura. Ese grupo le dio un mes al gobierno para negociar. Al comentarlo el vocero del partido, Quim Arrufat, reveló que no tenían previsto este desenlace. “No ha sido el pleno en el que había trabajado con el Govern, una hora antes del pleno se han cambiado todos los guiones”, afirmó.

En los alrededores de la Ciudadela, sede del Parlament, y en el Arco del Triunfo el fervor de los independentistas latía con la imagen del hemiciclo del Parlamento que dos pantallas gigantes transmitían en directo. Había gente que se persignaba y juntaba las manos como en una plegaria. La algarabía que estalló cuando Puigdemont declaró que asumía la independencia se anestesió con la frase siguiente: la suspensión no era lo que la calle esperaba escuchar