Pachao murió sin ver justicia

Pachao murió sin tener la respuesta que reclamaba sobre la muerte de su hijo
Un año después de haber ganado las elecciones y cuando apenas llevaba tres meses en el poder, el Gobierno peronista preparó un gran festejo en el Polideportivo Capital.
Era marzo de 2012 y todo venía mal barajado. Al Gobierno no le salía una bien y necesitaba una fiesta para mostrar buen ánimo en medio de reclamos y descontento: el aniversario del triunfo en las urnas era la mejor excusa.

El caso Pachao

Pero la fiesta se empañó por un hecho gravísimo: un joven llamado Diego Pachao agonizaba, y el hecho estaba envuelto en oscuras circuntancias. Había sido detenido por efectivos de la Comisaría Séptima, y de allí pasó al hospital. Del hospital iría al cementerio.
La gestión Corpacci sumaba su segunda muerte: la primera había sido de una madre de tres hijos que se prendió fuego reclamando una vivienda. La fiesta programada se arruinó.
Y fue grave. Si la muerte de la mujer podía adjudicarse a la desesperación y la locura de un acto suicida, con el caso Pachao era más difícil negar responsabilidades.
El Gobierno intentó despegarse, anunció un proyecto de Ley de Seguridad Democrática y cámaras en el interior de las comisarías. No alcanzó. Hubo una rebelión con serios incidentes en una noche de terror. El Gobierno lo adjudicó a una maniobra del FCS, politizando el tema para no hacerse cargo de nada. Sobre la muerte de Diego Pachao, no había explicaciones, solo, como siempre, promesas de investigación.
La tormenta pasó y el caso se fue apagando. Sólo un hombre siguió con los reclamos, día tras día. Incansable. Era Alejandro Telmo Pachao, el padre de Diego.
El hombre no era un egresado de Harvard con medalla de oro. Y lo buscaron descalificar todo el tiempo. Le sacaron trapos sucios al sol, buscando desacreditarlo. Dijeron que no cuidaba a su familia, que era bandido, que le pegaba a la mujer, que le quiso robar a un remisero, que sólo buscaba plata, etc., etc. Dijeron de todo.

La lucha de Alejandro Pachao

Alejandro Pachao nunca se rindió. Armó una investigación paralela y juró siempre que la policía había matado a su hijo. Se instaló frente a Casa de Gobierno y protestó casi todos los días pidiendo justicia. Cinco años y medio, sin parar. A veces en manifestaciones con compañía de otra gente. Casi siempre solo. Se ponía en la plaza 25 de Mayo con carteles, pancartas y un parlante para gritarle a las autoridades que defendían a policías asesinos.
Era molesto para los funcionarios, y nunca se iba. Cuando se armaban actos oficiales frente a Casa de Gobienro, se hacía oír fuerte. Consiguió apoyo y respeto, pese a todo lo que se decía de él. Juntó más de 10.000 firmas para apoyar su causa.
Quería ver en la cárcel a los asesinos de su hijo. Como siempre que algo roza al poder, la causa se enmarañó mucho. Testigos truchos, abogados que iban y venían, acusaciones, ruedas de reconocimientos y elevaciones a juicio que se caían. Pachao siguió con su reclamo, y prometía seguir hasta encontrar justicia.
En la madrugada de ayer, Alejandro Pachao iba en moto y chocó contra un árbol. Murió en el acto. Murió sin tener la respuesta que reclamaba sobre la muerte de su hijo. Le pasó lo mismo que a Elías Morales, y a tantos otros que esperan que la Justicia de Catamarca actúe.
Ahora no “molestará” más a las autoridades, y seguramente nadie siga su reclamo con la misma fuerza. Todo quedará en la nada. La vida de los pobres no vale demasiado en esta provincia.
La Visión del Catucho