Irresponsables y desprolijos: la historia de las finanzas en los municipios

Los municipios solicitaron 46 millones de pesos para afrontar el aguinaldo.

La matemática es una ciencia exacta con leyes infalibles. La contabilidad, basada en el conocimiento lógico matemático, hereda con algunos matices esas mismas características. Por lo que una previsión contable no debería fallar. Claro, siempre que se haga de forma responsable y prolija. Que es evidentemente lo que falta en los municipios, que adoptaron  la improvisación como el mecanismo de la administración financiera. Por eso en estos días, como sucede exactamente cada seis meses, están pidiendo ayuda económica para pagar el aguinaldo.

Tener sistemáticamente problemas económicos para pagar un gasto fijo y previsto en cualquier presupuesto, como es un aguinaldo, no puede denotar otra cosa que administración irresponsable e improvisada. No será una erogación corriente de periodicidad mensual como los salarios. Pero el Sueldo Anual Complementario se paga y se pagará este y todos las años, desde que por una ley se otorgó el derecho. Y sin embargo, los intendentes, salvo excepciones muy puntuales, cada vez que llega el mes 7 o 12 del año y tiene que pagar el aguinaldo, reaccionan con sorpresa y pesar como si se tratara de un gasto extraordinario que no tenían contemplado.

Sin caer en una sobresimplificacion exagerada, se puede decir con certeza, que calcular la masa de recursos que se van a necesitar para afrontar una erogación corriente como es el pago de salarios, incluido el aguinaldo, no es una operación demasiado compleja. En la era de los sistemas digitales, cualquier profesional con una herramienta informática apropiada debería poder hacerlo. Y con exactitud.

En un presupuesto, como es razonable y esperable en cualquier planificación, hay imprevistos y márgenes de diferencias que pueden generar desfasajes. Por ejemplo, es entendible que los municipios no tengan recursos para pagar bonos extra para fechas especiales, como fin de año, que no tenían presupuestados. También cierto que los aumentos salariales no se pueden presupuestar en detalle, porque las condiciones económicas del país hacen difícil la predicción. Y en esos casos el pedido de auxilio financiero de los municipios al gobierno provincial puede estar en parte justificado.

Pero a los intendentes, todos los años invariablemente, dos veces por año, les falta dinero para pagar un gasto corriente e ineludible como los salarios mismos. Solo para este medio aguinaldo a los jefes comunales les faltan unos 50 millones de pesos. Y se lo puede afirmar ya mismo, sin miedo a errarle, que a fin de año necesitaran otro tanto. Es decir, los administradores municipales hacen sus previsiones de gastos con errores de 100 millones de pesos anuales.

Intentando evitar la teoría de la incapacidad, solo queda pensar que los desajustes son causa de irresponsabilidad y desprolijidad. Por ejemplo, el sobredimensionamiento de la planta de empleados y funcionarios públicos que tiene la provincia se replica en los municipios. No hay presupuesto que aguante el manejo irresponsable, asumiendo compromisos salariales por encima de los recursos disponibles. Se pueden desconocer los detalles y particularidades de cada municipio, pero evidentemente la planificación financiera y el gasto irresponsable se volvieron estructurales y crónicos.

Un problema que excede a los municipios 

El gobierno provincial no deja de tener una cuota de responsabilidad. Después de todo, los recursos ingresan y se distribuyen desde cuentas del Ejecutivo. Y la autonomía de los municipios no implica luz verde a la debacle financiera. Sobre todo cuando es el mismo gobierno quien tiene que salir al rescate de las comunas.  

Pero en vez de controlar hasta donde le permiten sus atribuciones o exigir orden financiero, el gobierno provincial colabora a la improvisación y el desorden, generando incertidumbre y llevando el auxilio económico a una instancia de negociación. Tal vez sea la conveniencia política de tener el salvavidas que necesitan los intendentes. O en parte el Ejecutivo provincial también tenga el mismo desorden en sus cuentas. Pero el suspenso en la confirmación sobre si se ayudará o no a los municipios siempre tiene su cuota de suspenso.

De una forma u otra, como un ritual de la improvisación, cada seis meses los intendentes estarán suplicando a la provincia por recursos. Desde afuera solo se puede sospechar que abunda la irresponsabilidad y la falta de planificación en la administración.