Lanús cayó ante Chapecoense y se complicó

Luiz Otavio se eleva en el aire, cabecea por encima de todos. Los jugadores de Lanús lo miran. La pelota ingresa en el arco local. Es el 2-1 del Chapecoense, al cabo también el resultado final. Esa escena sucedió cuando al partido le quedaban tres minutos. Y es la escena también que marca el encuentro: el defensor que convirtió el gol decisivo había sido expulsado en el partido frente a Nacional de Montevideo. Y no había cumplido las tres fechas de suspensión. Los dirigentes de Lanús harán la presentación al respecto ante Conmebol. Las autoridades del equipo brasileño señalan que no fueron notificados de la sanción del futbolista. Por ahora, Lanús necesitará ganar a Nacional en Uruguay…

Era una cita para dar el primer gran paso, la prioridad de este semestre: de local frente al Chapecoense, la victoria de Lanús tenía el significado de su pasaje a los octavos de final de la Libertadores. El partido era también otra cosa relevante: enterrar las consecuencias de la derrota en el clásico frente a Banfield (0-1, el sábado). Lo sabían el entrenador, los jugadores y todos aquellos que dijeron presente en la noche de La Fortaleza.

No hubo sorpresa en la propuesta del equipo de Jorge Almirón. Cuatro defensores, con salida por las bandas (sobre todo por la derecha), deseo de posesión de la pelota, recuperación alta y rápida, un volante central, dos mediocampistas interiores, dos extremos y José Sand de nueve. Las ideas que frecuentemente le dan resultado al equipo del Sur, dueño de tres títulos en su actual ciclo. Pero esta vez, como en algunos otros tramos del torneo local, careció de claridad al momento de la ejecución.

Lanús tuvo un par de llegadas profundas (un tiro libre de Pasquini, un remate de Sand), pero le faltó precisión en los últimos metros de la cancha, allí donde se resuelven los partidos.

Del otro lado, Chapecoense -reciente campeón del estadual catarinense- se presentó ante el encuentro como lo que era, una final. Para seguir en la Copa había que ofrecer la mejor versión, había que ganar. El primer paso lo dio: en el primer tiempo lo complicó a Lanús, lo complicó con velocidad en varias ocasiones de contraataque. Y también lo golpeó. A los 25, tras una mala salida de Lanús por la derecha, O Chape consiguió desbordar a Gómez -a través de Arthur- y en el área no perdonó ese centrodelantero que las disputa todas, Wellington Paulista. De cabeza, el capitán visitante estableció el 1-0.

Empezaba otro partido a partir de ese grito. Nacía un nuevo rival para Lanús en el recorrido del partido: la ansiedad.

Siguió en su búsqueda de siempre, trató de ser más profundo, desequilibró por momentos sobre los costados. Pero en el área no pudo resolver. Lo percibió el entrenador. A los 12 del segundo tiempo puso en el campo de juego a Germán Denis en lugar de Nicolás Aguirre. Delantero por mediocampista. Y todos a buscar.

Lanús siguió yendo, el Chapecoense comenzó a replegarse decididamente. No dejaba resquicio. Pero en un córner, en una torpeza, Wellington Paulista tocó la pelota con el brazo. Penal. Remate de Sand y 1-1. Era un empate que cambiaba el panorama. Que servía.

Pero después llegó Luiz Otavio, el cabezazo, el 2-1. Y la sensación de que el partido no terminó. De que continuará en los escritorios de Asunción. Se verá…