No se hacen cargo de los problemas, ni de sus opiniones

Uno de los grandes problemas de la política de Catamarca es que los partidos y sus actores cambian de opinión sobre los problemas según el lado del mostrador que les toque ocupar en la administración del poder. Cuando son funcionarios del gobierno y hay problemas que no pueden solucionar, los minimizan y relativizan, para ocultar su incapacidad de gestión. Mientras, en cambio, los que están en la oposición, escandalizan las problemáticas y las plantean en puestas en escena trágicas, para desacreditar a su adversario y crecer políticamente. Si luego de una elección los roles se intercambian, las posturas, automáticamente también mutan. Es lo que sucede desde hace semanas con la problemática de la inseguridad, entre otras.

Una de las bondades de la alternancia en el poder es que deja en evidencia las contradicciones de quienes construyen su discurso y opinión según donde están parados. Generalmente suele suceder que quienes están en los partidos opositores, sin la presión de la responsabilidad de gobernar y livianos de compromisos, se liberan para escandalizar cuanto problema aflija a la sociedad y así atacar a quienes ejerce el poder.

Lo malo de esto es que, solo se trata de una preocupación fingida, que solo se queda en la acusación y nunca da el paso hacia la proposición y concreción de soluciones. Porque lo que busca es construir el poder de su sector desgastando la imagen de quien gobierna. En su defensa, quien ejerce el poder suele relativizar y diluir los problemas con argumentos de manual, como el señalar que no son problemas exclusivos de la provincia, y compararse con quienes están peor. Pero todo cambia rotundamente si los roles se invierten.

La discusión sobre los hechos de inseguridad y denuncias de corrupción en el ámbito de las fuerzas de seguridad de la provincia son un claro ejemplo de esto. Asumiendo su papel de oposición sin un mínimo de innovación y como señala el manual de estilo de la política catamarqueña, el FCyS – Cambiemos se dedicó las últimas semanas a desplegar una gran sobreactuación, describiendo un escenario catastrófico y pidiendo renuncias a cuatro vientos.

Señalar esto no significa para nada quitarle gravedad a los hechos ocurridos. Una cadena de homicidios en pocas semanas, polémicas declaraciones del Secretario de Seguridad, Marcos Denett sobre la justicia por mano propia, denuncias por casos de corrupción en la policía y luego ataques mafiosos contra el denunciante, no son hechos para nada livianos. Al contrario, generan una lógica consternación en la sociedad y mucho miedo. Tampoco se intenta sugerir que la oposición no deba pronunciarse sobre estos hechos. De hecho es legítimo, y hasta parte de su rol, ejercer el control de gestión.

El problema es, como lo señalamos más arriba, que este tipo de intervenciones  por lo general nunca aportan soluciones, y solo irrumpen para exacerbar los ánimos y llevar agua a su molino. Tristemente, la historia política muestra que quien está en la oposición muy pocas veces aporta a solucionar problemas, y por el contrario apuesta al error de quien gobierna para debilitarlo y ganarle ese espacio. Mientras tanto, el gobierno de Corpacci, como en su momento hizo el de Brizuela del Moral, despliega sus estrategias infaltables: señalar que no son problemas solo de la provincia, y que afectan a todo el país, asegurar que están muy preocupados, y acusar a la oposición de hacer política con esos temas.

 En el medio de este juego de roles esta la gente, que ve como la clase política solo ensaya pantomimas, pero no soluciona sus problemas. Así indefinidamente y en círculo, porque apenas cambian los papeles, la dirigencia se reacomoda a su nueva situación. Y pasan sin escalas a minimizar lo que antes escandalizaban, o a montar una tragedia de lo que antes decían que no era tan grave. Sino, solo vea el vídeo. A los archivos nos remitimos.