Capdevilla tiene quien lo defienda

El Estadio Bicentenario se transformó en una obra emblemática de la gestión de Eduardo Brizuela del Moral, una mancha de cemento que está siempre a mano de sus opositores porque es como un reflector que deja ver un sinfín de desaciertos, reunidos juntos en unas cuantas tribunas resquebrajadas y vacías.
El estadio costó una fortuna, desperdiciada mientras servicios como la distribución de agua y luz eran un desastre. 
El estadio expone la falta de criterio muestra también el despilfarro de fondos en épocas de vacas gordas, que ahora que hay hambre de recursos da más impotencia todavía. 
El estadio no tiene utilidad en una provincia donde el fútbol ni se parece al meganegocio apasionado que se ve por televisión.
Y el estadio fue mal construido. Se rompe, se cae, está asentado sobre rellenos con basura, mal pensado y mal ejecutado: lo dijeron expertos de la Universidad de Tucumán, con un estudio ajeno a los intereses políticos.
Todas esas realidades están sobre la mesa, y ahora la provincia llevó el tema a la Justicia, con un reclamo que empieza por 36 millones de pesos.
Pero el caso tiene un detalle más: la empresa que construyó el estadio tiene como cara visible a Fernando Capdevilla, un empresario muy beneficiado por el Frente Cívico y Social en la gestión brizuelista, que ahora se lanzó a la política y el destino lo puso como socio en Cambiemos de su benefactor, Brizuela del Moral.
Los dos protagonistas del desastre, contratador y contratado, están ahora en el mismo bando político, y los pedazos de cemento que caen del estadio los golpean por igual: todo servido para que el oficialismo se haga un picnic.
Pero Catamarca siempre sorprende, y ahora salió desde el oficialismo una voz en defensa del estadio, lo que es igual a salir en defensa de Capdevilla y Brizuela.
Así es: Eduardo Niederle, secretario de Obras Públicas de la Capital, tomó el micrófono para avisarle al mundo que se está haciendo mucho escándalo por una pavadita.
Niederle explicó que reparar el Estadio “no es complicado”, que “todo es solucionable técnicamente”, que “no hay ningún peligro de colapso” y que “puede haber un caño que se haya roto, lo que produjo un asentamiento por la pérdida de agua”.
Increíble, años de litigio por una gotera.
“Todo es solucionable en el corto plazo”, insiste Niederle, mensaje que se lee como “déjense de embromar que no pasa nada”.
Niederle es funcionario de Raúl Jalil, el mismo que se declara peronista y que hizo campaña con Corpacci en 2011 y 2015. Corpacci es la cabeza del Gobierno que reclama por el estadio y lleva el caso a la justicia. ¿Por qué un funcionario peronista sale con ese discurso? Parece que falta una pieza en el rompecabezas. Pero la pieza está, nada más hay que buscarla un poco.
Y se la encuentra unos pocos años atrás, cuando Eduardo Niederle trabajaba como representante técnico en una empresa privada. ¿Cuál era? Sí, Capdevilla.
Niederle fue muchas veces para la zona del Predio Ferial. Ahora va como funcionario del Gobierno que presiona a Capdevilla por una respuesta por la obra mal hecha. Antes iba como parte de la empresa Capdevilla.
Bajar el tono a la batalla por el estadio es una obligación y Niederle tuvo que hacer el trabajo. Si lo hizo por temas personales o como parte de los lazos de amistad del municipio de Jalil con el PRO, eso se sabrá más adelante.