Apagar fuego con nafta, vieja costumbre policial

Mire las imágenes del video. Preste atención a las acciones, las reacciones. Los diálogos, los intercambios e interacciones entre los protagonistas. Eso es un espiral de agresividad y violencia. Una figura retórica gastada de tanto uso. Pero muy apropiada para describir situaciones como estas. Como un espiral, todo empieza en una situación puntual, pero se va agrandando, igual que la línea curva que parte del punto central y se va haciendo cada vez más amplia. Todos hacen algo que lleva a que la situación se agrave. Nadie pone paños fríos. Y la sensatez, brilla por su ausencia. Aun en la policía, fuerza de seguridad presente para contener la situación, para devolver la tranquilidad. Pero que, como sucede muy a menudo con sus intervenciones, provoca totalmente lo contrario.

                      

Agresividad, prepotencia, abuso de la autoridad que en términos simbólicos le confiere su investidura y de la ventaja material y física que le aseguran sus pertrechos. Autoridad y pertrechos que se les entregan para mantener el orden y restablecer la calma. Pero que tantas veces degeneran en su uso y transforman en represión y violencia.

De ellos se espera una cuota más de tolerancia. Su formación los debería preparar para ser racionales y tener autocontrol. Saber aplacar los ánimos. Para tener temple y no ser un manojo de nervios tensos, que a la mínima tensión se enoja y pierde la línea, como un peleón compadrito que a la salida del boliche quiere reaccionar a todo lo que se le dice y resolver todo a lo guapo.

Pero muchas veces, más de las que se esperaría, no lo logran. Ni contener ni contenerse. Ni tranquilizar ni tranquilizarse. Al contrario, llegan con alcohol a apagar un incendio. Irrumpen en situaciones tensas y las vuelven más violentas.

Lo que sucedió en El Alto es el claro ejemplo. En los empleados municipales, y en su conducción sindical, hubo en estos días conductas repudiables, de las que ya se habló oportunamente, que no se intentan ocultar y mucho menos justificar. En la municipalidad reinaba un clima tenso. El paro y corte de rutas, seguido de la suspensión de los trabajadores decidida por el municipio, más las reacciones extralimitadas de los municipales ya configuraban un ambiente de mucha tensión. Que demandaba tacto y sensibilidad para descomprimir. Ya se sabe que pasó.

La intervención de la policía de Catamarca en estas situaciones muchas veces se asemeja a la de un elefante en una sala de terapia intensiva. Torpe, sin sensibilidad y peligroso. Asombra la incapacidad de empatía, la falta de inteligencia emocional y tacto que padecen los agentes en esos momentos donde lo que menos hacen falta son rudos de película de acción.

El problema no es solo la falta de formación, que sin dudas explica en gran medida las enormes falencias de las fuerzas de seguridad. Los cursillos que reciben cientos, a esta altura ya miles, de agentes antes de salir a la calle es imposible que alcancen a formar a un policía profesional. Es una cuestión de tiempo, de horas de formación. Es imposible. Los resultados lo confirman.

Pero en casos como los de El Alto, la situación es más grave. Porque allí, en los grupos especiales, lo que hay es, no solo falta de formación, sino también “de-formación”. Agentes enseñados en ambientes autoritarios donde la prepotencia es el código de comunicación. Donde el superior somete a sus subordinados a malos tratos, sin más argumentos de que tiene el poder y las ganas para hacerlo. De donde salen policías acostumbrados a la humillación y el resentimiento. Dispuestos a aplicar el sistema en cuanto se les presente la oportunidad. Como si en la sociedad rigieran esas ridículas reglas de los trajines, los bailes y los sometimientos a los que se les somete cuando de los “de-forma”. Ámbitos donde ser “Rambo” vale más que ser civilizado. Y eso es una responsabilidad política.

El video subido a las redes sociales es una muestra de todo lo dicho. Prepotentes, violentos, con actitudes mañosas, caras de rudos de película, golpeando con disimulo y aunque se le pide que ya dejen de hacerlo. Comidos por el personaje que creen ser. Agrandado el espiral de violencia.

Ante la impotencia de la asimetría física y de recursos para agredir, que aventaja a los policías, en el video se escucha a alguien amenazar con “volver con armas”. Cosa que afortunadamente no sucedió.

Detrás de las represiones siempre hay decisiones políticas. Desde la orden directa de actuar de determinada manera, hasta la planificación de la formación de las fuerzas de seguridad. Lo que se enseña y lo que no es parte de una lógica. Y hasta ahora, esa lógica solo logra agregar más violencia a la violencia.