Rebelión al monopolio de las candidaturas

Lo advertimos hace meses. Y no es porque dispongamos del poder de la adivinación. Sino porque era evidente y entendible. Los caudillos radicales, dueños crónicos de las candidaturas en el FCyS van a encontrar cada vez más rechazo a su perpetuidad. Y no nos referimos a objeciones de los adversarios políticos de otros partidos. Sino a la resistencia interna de dirigentes más jóvenes y espacios emergentes, que ya no soportan la postergación, a la sombra del loop acaparador de los nombres de siempre. Como lo dejó claro la diputada Paola Bazán, oponiéndose con anticipación a una nueva candidatura de Brizuela del Moral, la unidad de la UCR dependerá de la renovación. A la luz de la historia, es una insurrección esperable, saludable, y hasta demorada: entre los dos principales dirigentes radicales, Birzuela del Moral y Oscar Castillo, suman 15 candidaturas consecutivas y 58 años de cargos políticos electivos.

Hace unos días fue la diputada Paola Guzmán, del APRA, la que sin rodeos anticipó la oposición a una reelección de Brizuela del Moral y advirtió que sin oxigenación en las candidaturas no habría unidad. Los números y la historia son claros; es difícil sostener la palabra renovación en un partido donde los principales dirigentes, cuyas candidaturas se encadenan una tras otra sin cuestionamiento, tienen décadas viviendo de la política.

El ahora diputado nacional Eduardo Brizuela del Moral, está ejerciendo cargos electivos desde 1991, prácticamente de forma ininterrumpida. El “prácticamente” obedece a la excepción de los dos años entre 2011, cuando perdió la gobernación con Lucia Corpacci, y 2013, que fue electo diputado nacional. Tiempo en el que no estuvo en la función pública, y no se sabe bien qué actividad desempeñó, o si es que trabajó. Durante esos 26 años fue candidato por el FCyS en ocho oportunidades. Y nunca pasó sin ser candidato en una elección en la que se le venciera el cargo.

  • 1991 – 1995, Intendente (primer período)
  • 1995 – 1999, Intendente (segundo período)
  • 1999 – 2001, Intendente (tercer período, interrumpido a la mitad, para ir al Congreso de la Nación)
  • 2001 – 2003, Senador nacional (interrumpido para asumir como gobernador)
  • 2003 – 2007, Gobernador (primer período)
  • 2007 – 2011, Gobernador (segundo período)
  • 2011 –  Candidato a gobernador (intento del tercer período, dos años sin cargos electivos)
  • 2013 – 2017, Diputado nacional (en funciones)

El CV de Oscar Castillo, senador nacional, no es menos impactante. Cuando termine su actual periodo en el Congreso de la Nación en 2021, habrá cumplido 36 años ocupando cargos electivos, conseguidos con 7 candidaturas encadenadas. Es senador nacional por Catamarca por tercera vez consecutiva, lo que implicará al final del actual periodo 18 años en la misma banca.  

  • 1985 – 1989, Diputado provincial
  • 1989 – 1993, Diputado nacional (primer período)
  • 1993 – 1997, Diputado nacional (segundo período)
  • 1999 – 2003, Gobernador
  • 2003 – 2009, Senador nacional (primer período)
  • 2009 – 2015, Senador nacional (segundo período)
  • 2015 – 2021, Senador nacional (tercer período, en funciones)

Un repaso rápido deja más que claro que ni Castillo ni Brizuela del Moral son predicadores con el ejemplo de la alternancia y el renunciamiento. Al contrario, demuestran una apego exacerbado y egoísta a los cargos, que solo abandonan para asumir otro de más jerarquía o porque les fue imposible sostenerse en el anterior. Brizuela del Moral se presentó tres veces seguidas a la intendencia de la Capital, y solo la abandonó, dejando su tercer mandato a medio cumplir, para sumir en el Congreso de la Nación. Que no fue más que el trampolín para disputar la gobernación. A los dos años de asumir en como senador nacional no tuvo problemas de dejar otro cargo más a la mitad, para ir por el Ejecutivo provincial, donde estuvo todo lo que pudo. Dos mandatos y un intento para el tercero. Sin gobernación, se acovacho dos años, hasta que pudo volver a la comodidad de un cargo electivo. Y todo indica, a punto de vencérsele su diputación, que sin problema iría por la reelección.

Castillo no se queda atrás. Al igual que Brizuela, ostentó 4 cargos electivos distintos; diputado provincial, nacional, gobernador y senador nacional. Allí encontró lo que se puede señalar como su “zona de confort”, a la que llegó en 2003, para ya no cederla. Cada elección como senador nacional le daban 6 años de estabilidad. Su preocupación y tarea fue defenderla y asegurarse su prórroga. Y luego, tranquilidad.

Sería esclarecedor si alguien pudiera aportar argumentos del tipo cualitativos para justificar semejante permanencia en la representación de la ciudadanía. Tal vez excelentes gestiones, o prolíficas carreras legislativas darían más sentido a la inamovilidad de estos dirigentes perpetuos. Pero no es el caso.

Claro que no faltan los que desde la dirigencia de segunda categoría y desde la militancia sigue defendiendo y sosteniendo sus figuras. Por supuesto, no gratis. Son los que aún necesitan del patrocinio de sus caciques para asegurar su propia subsistencia política. De la boca de estos surgen los argumentos que insisten con que los ex gobernadores son los dueños de los votos o que sus figuras siguen siendo las más convocantes. Son estos los que generan el microclima de obsecuencia que desde hace años les calientan los oídos diciéndoles lo lindos, inteligentes e imprescindibles que son. Tanto los escuchan, y tanta estima se tienen, que están convencidos. O tal vez solo les siguen el juego de la simbiosis política. Al final de cuentas, les aseguran su perpetuidad.

Está a la vista que no es realista esperar que “los dueños de los votos” tengan un acto de altruismo y renunciamiento. Cada vez más dirigente radicales lo saben, y se preparan para dar pelea, aunque cueste la unidad.